Del cine a lo literal: El desayuno en Tiffany se hace realidad

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El sueño de la extravagante “Holly Golightly” se hizo realidad. De hecho, ha sido posible conseguir el desayuno de Tiffany’s. Y es que un legendario joyero de Nueva York abrió su primer restaurante dentro del buque insignia de la Quinta Avenida, cerca de la Torre Trump.

El lugar se llama Blue Box Cafe, hay que subir hasta el cuarto piso para entrar en él y al menos la revista Vanity Fair, que trató de obtener una vista previa del sitio, publicó una fotografía donde se ve que el desayuno se sirve en una de las famosas cajas azules donde se colocan los productos de la marca.

El azul es de hecho el hilo conductor de los muebles y los platos, mientras que el menú es sencillo -pero muy gourmet- y de temporada con el desayuno clásico americano, reinventado para deleite de los comensales.

Un desayuno con diamantes, por el contrario, estaría fuera del alcance de los bolsillos de la protagonista de esta historia, llevada al cine en 1961 bajo el título Breakfast at Tiffany’s, teniendo como protagonista a la inolvidable Audrey Hepburn, quien se puso a las órdenes del director Blake Edwards.

Destaca el café servido con pan tostado y aguacate, un cuernito, huevos con trufa o el salmón ahumado en panecillos, todo por 29 dólares. Por 10 dólares más puede disfrutarse de un almuerzo que incluye un sándwich o una ensalada.

 

Incluso basta con levantarse de la mesa para que los clientes puedan comprar Tiffany objetos de ornamento para el hogar, perfumes y artículos de bebé.

El café y la renovación de la cuarta planta reflejan el deseo de ofrecer una experiencia de lujo moderno”, precisó Reed Krakoff, director artístico de la marca.

Bajo este concepto, Tiffany puso en marcha un nuevo catálogo que reinventa con preciosa ironía los objetos cotidianos más banales, como una lata de café convertida en portalápices color plata, que puede llegar a costar mil dólares; un plato de papel del mismo material, cuyo precio es de 950 dólares; y hasta un simple popote de plata, que llega a costar 250 dólares.

Una nueva colección, agregó Reed Krakoff, que eleva a otro estatus los objetos cotidianos mundanos y los transforma en algo fascinante a la vista.

Por: Diana Ruiz

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