Philip Mosley: El verdadero “Billy Elliot”

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Rosario Manzanos.-

En 2007, durante la gira que hizo el Royal Ballet a la Ciudad de México, entrevisté a Philip Mosley, figura de la danza inglesa y detonador de la historia de “Billy Elliot” que ha emocionado a millones de personas en todo el mundo.

Un muy conmovido Mosley me habló de su familia, de su enorme deseo de convertirse en bailarín, pero lo más importante: acerca de cómo superó la marginalidad económica de su infancia, la discriminación de la que fue objeto por su deseo irrefrenable de ser bailarín y los prejuicios machistas por soñar ser parte del mundo del ballet.

Si bien Gran Bretaña ha buscado crear un sistema artístico incluyente, el monopolio del machismo no lo tienen los mexicanos; los ingleses tienen lo suyo. Es un hecho que los prejuicios hacia los varones que practican el ballet son patrimonio universal.

El encuentro con Mosley se llevó a cabo en uno de los camerinos, momentos antes de que la afamada agrupación entrara al ensayo del ballet “Coppelia”, producción en la que el artista interpretó el rol principal de ‘Coppelius’, el misterioso fabricante de juguetes que esconde en su taller a una hermosa muñeca.

Lo que más angustia me provocó al estudiar en la escuela del Royal Ballet fue haber estado lejos de mi familia. Desde el principio mismo de mi vida supe que quería ser bailarín”, me dijo Mosley. Nacido en Yorkshire, condado en el centro de Inglaterra, el pequeño Philip se dio cuenta, con sólo tres años de edad, de que lo suyo era bailar.

Se enamoró de la danza a través de la pantalla de la televisión, viendo musicales donde artistas de la talla de Gene Kelly y Fred Astaire mostraban, como si fuese algo sencillo, intrincadas rutinas de tap:

Aprendí a bailar yo solo. Todavía bailo tap y, sin dudarlo, lo hago mejor que Kelly”, me dijo bromeando. Lo cierto es que Mosley al momento de la publicación de su entrevista contaba con 40 años y ya para entonces no se entrenaba más en el ballet, sino con yoga y haciendo pesas. Sus participaciones dancísticas se encontraban ya más inclinadas hacia las llamadas ‘danzas de carácter’, que en gran parte de los casos realizan bailarines en proceso de retiro.

Mosley me explicó que de pequeño bailaba día y noche sin parar. Su familia pensaba que se trataba de un juego infantil más, hasta que logró incorporarse junto con sus hermanas a algunas clases para aficionados. Un buen día, con el mayor aplomo posible, les informó que pasara lo que pasara sería un bailarín profesional de tap.

Tanto en la película como en el musical la historia de ‘Billy’ es la de un niño huérfano de madre y nacido en el seno de una familia de mineros de los años ochenta del siglo XX. La situación laboral es tensa y los trabajadores de la mina se lanzan a la huelga.

En la vida real, Mosley logró vencer la perplejidad de su familia de trabajadores de clase media baja. Su padre y madre lucharon a brazo partido para cubrir sus necesidades básicas de aprendizaje. No tenían claro qué era lo mejor para él. Las clases de ballet del lugar eran muy elementales y decidieron, a regañadientes, enviarlo al White Lodge del Royal Ballet, una escuela pública de ballet.

En muchos momentos, Philip sufrió por la lejanía de sus padres y hermanos. Además, la academia de ballet no era precisamente —ninguna lo es— ejemplo de amor y armonía. Sus maestros tuvieron mano dura con él, no hicieron concesiones y gracias a ello pudo audicionar y entrar al Royal Ballet.

Fue así que durante una salida con todos sus compañeros de clase a una función se asomó a “El lago de los cisnes”, su vida dio un giro definitivo: “Esa función definió mi destino. Me di cuenta de que eso era lo que yo quería hacer por el resto de mi vida y mi foco se dirigió hacia ahí”.

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Con cierta nostalgia me explicó que el preciosismo técnico y los desplantes físicos estaban ya lejos de sus posibilidades. Me habló de su admiración por la presencia y virtuosismo de Carlos Acosta y el deseo de los directivos de involucrarlo en la organización de giras al extranjero.

Toda mi familia es de obreros, carpinteros, mecánicos, plomeros. Ninguno de mis hermanos tiene nada que ver con el arte. Ocasionalmente van a verme bailar, pero el ballet no es su mundo. Los añoro y en ocasiones soy solitario”, agregó con cierta tristeza.

En 2000, año en que se estrenó el filme “Billy Elliot”, del director Stephen Daldry, el número de varones que se postularon para ingresar al prestigioso Royal Ballet se duplicó. Su ejemplar historia de vida disparó el anhelo de miles de niños hacia la danza clásica. Hoy en día, Philip Mosley es el administrador artístico del Royal Ballet.

—¿Cuál es su obra predilecta del ballet —le pregunté hace diez años?

—El lago de los cisnes es y será siempre mi ballet favorito —dijo con lágrimas en los ojos.

Fuente: Excélsior

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