Columnista Invitado: Woody Allen detesta profundamente todas sus películas

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Carlos Reviriego.-

El genio neoyorquino regresa con “El hombre irracional” a la senda oscura de su filmografía, a los relatos dostoievskianos de Delitos y faltas y Match Point, donde el humor camina de la mano del homicidio. Quien esto firma ha hablado con el autor de “Manhattan”, verdadero icono cinematográfico, para desentrañar algunas claves del filmey de su personalidad. Tan pesimista como siempre, el cineasta no pierde su tradicional sentido del humor.

Lo único que se interpone entre mí y la grandeza soy yo”. Aunque esta declaración de humildad ya se ha convertido en un lugar común en boca de Woody Allen (Nueva York, 1935), lo cierto es que sigue sin sonar a falsa modestia. El autor de “Hannah y sus hermanas” o, para no irnos tan lejos, de “Match Point”, sigue pensando que él no pertenece ni pertenecerá nunca a la liga de los más grandes cineastas. “Es algo que está fuera de mi alcance -explica unas horas después de haber presentado “El hombre irracional” en el Festival de Cannes-. “‘El ladrón de bicicletas’, ‘Ocho y medio’, ‘El séptimo sello’… Ni siquiera puedo soñar con acercarme al genio que hay en esas películas. Puedo hacer algún filme decente de vez en cuando, pero algo así… imposible”.

P.- Pero usted es consciente de la enorme influencia que sus películas ejercen en cualquier parte del planeta, en EEUU, en París o en Corea, ¿no?

R.-No dedico ni un minuto a pensar sobre ello. Me halaga tanto como me intriga, porque no es algo que… ¿Ha dicho Corea? ¿Se refiere al cine coreano?”.

P.- Sí, a Hong Sang-soo.

R.-No lo conozco. ¿Qué puedo decir? Escribo el guión y nadie lo ve, ni siquiera la gente que pone el dinero para la película. Nadie sabe lo que está comprando. Puede ser una comedia o una tragedia prusiana en blanco y negro. Lo que están comprando es mi nombre y la asunción a lo largo de los años de que no voy a hacer nada deplorable. Y como no necesito grandes presupuestos tampoco pierden dinero. Escojo el reparto que quiero y ruedo. Así todos los años. Hago lo que me da la gana. Así que no hay excusa alguna para no ser grande, aparte de que no lo soy”.

Una película al año

P.- ¿Y si se tomara más tiempo entre cada película? ¿Cree entonces que podría hacer esa gran obra que cree que nunca ha hecho?

R.- Hace años que abandoné esa idea. Yo funciono así, haciendo una película al año. ¿Qué haría mejores películas si les dedicara más tiempo? Puede que sí, puede que no. Solo sé que no puedo estar mucho tiempo con el mismo proyecto, porque llega un momento en que empieza a aburrirme. Incluso a este ritmo, cuando estoy montando la película ya estoy pensando en la próxima. Tengo ganas de soltarla, me quema en las manos. De hecho, cuando la termino, ya está, nunca más volveré a ese lugar”.

P.- ¿Se refiere a que nunca vuelve a ver sus películas?

R.- Oh, no, no podría hacerlo. Detesto profundamente todas mis películas. Si las volviera a ver sólo vería catástrofes. La única vez que he tenido un sentimiento general positivo tras terminar una película fue con ‘Match Point’. Se dieron las circunstancias adecuadas y creo que tuve mucha suerte con esa película. Nada podía salir mal. No podía estropear la película por mucho que lo intentara. Esa película se acercó mucho a lo que había concebido al principio. Pero nunca la volví a ver porque estoy seguro de que me llevaría una gran decepción”.

P.- ¿A qué se debe ahora su regreso a la tragedia después de la luminosa “Magic in the Moonlight”?

R.-No sé, es algo intuitivo. Nunca tengo una agenda programada de qué voy a hacer, no hay un significado oculto. Simplemente tengo la idea y voy a por ello. Soy feliz solo con tener la idea. Y si la próxima idea fuera también un concepto dramático, aunque no es el caso, también lo haría”.

Con “El hombre irrational” regresa el mejor Woody Allen, el que silencia por enésima vez a todos los que habían perdido la fe en el autor de Manhattan. Se trata de una reflexión de aspecto frívolo pero corazón trágico en torno a la justicia poética y el placer homicida, que coloca en el centro de la trama a un profesor de Filosofía en sus horas bajas, interpretado por Joaquin Phoenix. Con este filme, el director de Brooklyn parece completar la trilogía que empezó con “Delitos y faltas” y continuó con “Match Point”, donde “Crimen y castigo” ocupa el núcleo filosófico.

P.- ¿Qué influencia han tenido los rusos en su cine?

R.-Dostoievski es el primero que leí. ‘Crónicas del subsuelo’ fue uno de los grandes descubrimientos de mi vida. Mi interés en la filosofía se despertó cuando tenía veinte años, porque mi mujer era estudiante universitaria de Filosofía, así que llegaba a casa con deberes todo el tiempo y me pedía que le ayudara. Entonces descubrí cómo la filosofía aparecía en Dostoievski, y también en Kafka, y en las películas de Bergman. Leía a Kierkegaard y veía las mismas cosas en Bergman. Dostoievski se convirtió en un verdadero interés intelectual. Cuando los autores rusos negocian con asuntos existenciales lo hacen con mucho más interés que los británicos o los franceses”.

P.- ¿En qué le parecen especialmente interesantes?

R.-Los existencialistas eran extravagantes. Lees esas cosas tan rigurosas de Hegel o Spinoza y son muy brillantes, pero también muy densas. Y luego llegas a los existencialistas, todos estos tipos con los jerseys negros de cuello alto, con los cigarros y la taza de café, dinamitando la Gestapo, escribiendo sobre el suicidio, matando a gente… y no escriben ensayos filosóficos, sino novelas, obras de teatro y poemas. La filosofía surge de ahí, de sus creaciones literarias, porque son tipos de acción. La protagonista de ‘El hombre irracional’, Emma Stone, se ve seducida por este carisma, porque la gente que lee filosofía generalmente se siente atraída por los existencialistas porque tenían sangre caliente, y eran genuinos literatos, no solo pensadores”.

Phoenix es el hombre irracional en el filme, ‘Abe’, un prestigioso filósofo, alcoholizado y roto por dentro, cínico y descreído, que se traslada a una prestigiosa universidad americana para impartir un curso de verano. Pronto dejará prendadas a su alumna más brillante (Emma Stone) y a una profesora desencantada con su matrimonio (Parker Posey), y el punto de giro en la película, en su vida, tendrá lugar en un diner con un elegante movimiento lateral de cámara, el relato se transfigura de la comedia amable a la exploración dostoievskiana.

P.- Con su anterior filme parecía haber vencido su legendario pesimismo, pero una vez más muestra que no es así…

R.-Siempre lo seré. Nada ha cambiado. Mi pesimismo ya era tan profundo cuando era un niño que no podía llegar más lejos. Siempre he tenido una visión muy oscura de la vida”.

P.- Como hace Abe en el filme, ¿ha fantaseado en algún momento con matar a alguien por un mero placer estético?

R.-Todos los días. Si matara a todas las personas de las que me quiero deshacer, me quedaría solo en el mundo. Creo que todos hemos desarrollado esa fantasía en algún momento. Cuando te acuestas en la cama por la noche, o te sientas en un tren, piensas en el crimen perfecto… y luego le añades toda la estética. Pensé primero en que podría entrar en una tienda de comida con una jeringuilla llena de veneno y pinchar en todas las naranjas. Pero eso no sería justo. Mataría a mucha gente, pero la regla del juego es que conozcas a la víctima”.

Amante de la rutina

P.- ¿Usted también siente a veces esa pulsión de tomar riesgos y abandonar su rutina?

R.- No, nunca. Soy un tipo de los más cobarde y un amante de las rutinas. Nunca me vería involucrado en algo así. En verdad, el personaje más cercano a mí es el de Emma Stone. Ella se enamora del tipo porque es carismático, es brillante, vulnerable y autodestructivo, así que desarrolla un amor hacia él. Yo nunca haría nada parecido. Nunca he tenido un gramo de marihuana en mi vida, ni siquiera me he fumado un porro. La gente dice que tengo que serlo porque escribo y hago películas, pero lo cierto es que no soy un tipo curioso. No me gusta viajar, podría vivir en mi manzana de Nueva York toda la vida si mi mujer me dejara. No tengo curiosidad por experimentar”.

P.- Todos estos años de psicoanálisis, ¿de qué manera han afectado a su creatividad?

R.- Bueno, ha afectado, pero no necesariamente de forma negativa. La gente tiende a pensar que el psicoanálisis anula tu imaginación, pero es más bien lo contrario. El psicoanálisis te libera, cuando funciona, claro. Te da incluso una cierta libertad. Entras en la habitación a trabajar y no te detienes en asuntos triviales, no te obsesionas con cosas que no puedes controlar. Para mí ha sido una ayuda”.

P.- ¿Qué tal con Joaquin Phoenix? ¿Es cierta la fama de atormentado que le precede?

R.- “Completamente. Hasta la frase ‘pásame la sal’ suena a Hamlet en su boca. Es muy inseguro. De forma natural, ya era el personaje. Todo ese tormento en el interior del personaje ya lo lleva incorporado en el rostro, en su cuerpo. Y aun así, es una persona muy dulce y amable conmigo, con todo el equipo, y muy profesional, siempre se sabe sus líneas. Pero ves que está sufriendo aunque no haya nada por lo que sufrir”.

P.- ¿Cómo lleva su serie de televisión para Amazon?

R.- “Pues luchando. Yo no quería hacerlo, pero la oferta era irrechazable. No sé cómo va a salir. Solo espero no avergonzarme a mí mismo… No estoy disfrutando ni un momento del proceso. ¡Y eso que me han dado carta blanca!”.

Fuente: El Cultural (25/09/2015)

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