Soundtrack: El Exorcista

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Mauricio Matamoros.-

En 1974 William Friedkin le dijo a una audiencia reunida en la American Film Institute, que el soundtrack de El Exorcista (The Exorcist) en realidad se trataba de un score construido por Tower Records, la famosa tienda de discos, pues éste estaba formado por extractos de obras de música clásica de autores contemporáneos.

Que El Exorcista (The Exorcist) signifique una obra tan acabada se debe, por supuesto, al peculiar talento conjuntado para su realización, técnico y actoral; pero es indudable que la mano de hierro y el empeño que su realizador,  William Friedkin, puso para lograr lo que tenía en mente es la principal razón de que este trabajo signifique una obra maestra indiscutible.

Y en ese tenor, el soundtrack también debe su forma a las decisiones de William Friedkin.

No cabe duda de que Tubular Bells, la composición de Mike Oldfield que cierra el filme ha sido el trabajo que le ha dado rostro sonoro al filme; pero como el resto del material que compone el score, igualmente se trata de obra anteriormente compuesta y brillante por sí sola.

Bernard Herrmann, el compositor que creó escuela con los scores para filmes como Psycho, Vértigo y Taxi Driver, fue en el primero que pensó Friedkin para realizar el acompañamiento musical; pero Herrmanr no podía ir a EUA, quería trabajar desde Londres, y fue así que no llegó a un acuerdo con el realizador.

Lo que siguió entonces pocos lo saben, pero es bien interesante.

El productor Noel Marshall le sugirió a William Friedkin contratar al compositor italiano Lalo Schifrin, quien todavía estaba fresco de trabajos como Mission: Imposible y Dirty Harry, los cuales hicieron época y, aunque igualmente escuela, manifiestan la originalidad musical de este creador.

Schifrin así comenzó a trabajar en el score para El Exorcista (The Exorcist), acordando con Friedkin que sería un acompañamiento que no resultara aterrorizante, tan sólo algo que llevara hacia las escenas fuertes, que se mantendrían por sí solas. Schifrin entregó algo muy bueno, y que rompía con su trabajo realizado hasta entonces para la industria fílmica, sólo que había un problema: no le había hecho gran caso a William Friedkin, se trataba de un score muy disonante y con cuerdas que pueden crispar los nervios.

Muchos han dicho que se trata de una obra adelantada a su tiempo, y efectivamente escuchándola uno puede percatarse de que cuenta con momentos que años después han sido muy explotados en el cine de horror. De la misma forma, ciertos momentos tranquilos y deliciosos para las escena de la fiesta.

El director decidió despedir a Schifrin y pensar en lo que finalmente conocemos como el efectivo, inolvidable y enrarecido soundtrack del filme, formado por piezas como “Iraq”, de Jack Nitzsche; la estresante Polymorphia, de Krzysztof Pendereck; la mencionada obra de Oldfield y la igualmente trascendente Fantasia for Strings, de Hans Werner Henze, que seguidas cierran el filme.

Los pocos más de 20 minutos de composición de Schifrin son prácticamente imposibles de conseguir (fuera de un CD contenido en la edición especial de la película en VHS hace 10 años), pero el resto puede escucharse en las diversas ediciones que se han hecho del soundtrack y sobra decir que son básicas.

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