Columnista Invitado: Ella demostró que el Holocausto judío no fue mentira

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Javier Zurro.-

Cámaras de gas, disparos a sangre fría, ahorcamientos, experimentos científicos, hambre, torturas…el nazismo no tuvo piedad. Bajo su yugo murieron seis millones de judíos en campos de concentración. Una locura que desembocó en una Guerra Mundial para parar la barbarie desencadenada por Adolfo Hitler y sus seguidores.

A pesar de las fotografías, restos históricos, declaraciones de los supervivientes y los juicios celebrados, hay personas que se empeñan en negar la evidencia. Gente que asegura que el Holocausto no ocurrió y que todavía esperan una prueba en la que el dictador dijera que había que aniquilar a toda esa gente.

Da lo mismo las evidencias, su mente ha quedado nublada y ven todo como una teoría de la conspiración para convertir a los judíos en víctimas. Uno de los más famosos fue David Irving, que en su biografía sobre Adolfo Hitler cuestionaba la veracidad del diario de Ana Frank y argumentaba su deseo de “limpiar los años de mugre para enseñar al verdadero Hitler”, cuya reputación habría sido calumniada por los historiadores y al que definía como un líder racional que no tuvo nada que ver con las matanzas indiscriminadas.

No contento con publicar sus soflamas en varios libros, demandó a la autora judía Devorah Lipstadt, que en su libro “La negación del Holocausto” atacaba abiertamente a Irving y los negacionistas.

El historiador, al que la fama y una buena entrevista polémica le gustaban demasiado, consideró una intromisión en su honor sus palabras y fueron a un juicio en el que, irónicamente, la tarea difícil la tenían Lipstadt y su equipo de abogados, ya que para ganar tuvieron que demostrar que Irving mintió conscientemente en sus escritos y que el Holocausto había sucedido realmente.

Su historia era carne de película. Así lo consideró el director Mick Jackson, que con un guión del prestigioso David Hare (“Las horas”, “El lector”) y un reparto capitaneado por Rachel Weisz como Deborah Lipstadt y secundada por Timothy Spall y Tom Wilkinson rodó “Negación” (Denial).

El thriller judicial logró una nominación como Mejor Película británica en los PREMIOS BAFTA. Un filme necesario para recordar el lado más oscuro de nuestra historia, una parte que muchos quieren olvidar y enterrar, algunos hasta se atreven a negarla.

MUJER, JUDÍA Y LUCHADORA

Cuando Deborah Lipstadt recibió la demanda de David Irving no se lo podía creer. Un negacionista actuaba contra ella y no al revés. Ella lo tenía claro, lo hacía porque era mujer y judía. Además planteaba el juicio en Reino Unido, donde eran los demandados los que tenían que demostrar que las afirmaciones de Irving eran mentira, y que era consciente de ello, que en el fondo no era más que un antisemita y racista que se había convencido conscientemente de que el Holocausto no ocurrió.

Para ello no presentaron a ninguna víctima en el juicio, algo que Lipstadt no entendió en su momento, pero que ahora cree que fue necesario. A la historiadora le ha gustado la película, “aunque debería haber durado cuatro horas, pero entiendo que hay que restringir el tiempo”, dice con humor por teléfono. Le gusta subrayar que todo lo que se dice en la película dentro del juicio fue así. “Cada palabra que se escucha en el tribunal viene directamente de las transcripciones, y todo lo que dice Irving lo dijo él realmente”, añade.

Con el paso de los años no ha perdido su vena beligerante, y sigue manteniendo que alguien que niegue el Holocausto “no puede ser considerado un historiador”. “Absolutamente no. Alguien que niega evidencias, que niega pruebas documentadas y que niega estos hechos nunca puede ser considerado un historiador serio, no”, dice con contundencia. Ella compara a los negacionistas con aquellas personas que “creen que Elvis está vivo, que la Tierra es plana, que los humanos no llegaron a la luna o que el atentado del 11 de septiembre lo provocó el Gobierno de Estados Unidos”.

A la gente le gusta creer las cosas más horribles, pero en este caso, los negacionistas son gente que, principalmente y lo más importante, son antisemitas o amantes del nazismo, y por tanto no pueden creer que el Tercer Reich pudiera hacer eso, y no pueden soportar el hecho de que los judíos puedan ser mirados con compasión”, cuenta Lipstadt que se muestra orgullosa de haber demostrado “que lo que Irving decía que pasó no pasó, que eso era mentira”.

Columnista invitado 2

Uno de los argumentos que puso a Lipstadt contra las cuerdas en el juicio fue que si Irving creía realmente en lo que decía no debería ser considerado una mentira. No sería negacionista a propósito, sino como consecuencia de sus creencias, algo que para ella era una triquiñuela judicial. “Lo hizo desde una perspectiva legal. ¿Qué pasaría si yo pensara que los negros son peores, que son unos seres inferiores? Eso no me hace menos racista, sería igual de racista, así que daba igual que lo creyera de verdad o no, eso no puede ser una excusa”, añade.

No se atreve a valorar si en el presente podría ser elegido un líder como Hitler, pero sí que le preocupa la victoria de Donald Trump, una persona “que dice cosas sin tener pruebas, algo muy peligroso siendo la persona más poderoso del mundo”. También lo hace el auge de la extrema derecha en todo el mundo. “Pero no sólo la extrema derecha, también la extrema izquierda. El espectro político se está polarizando por ambos lados, y en los dos hay gente peligrosa que miente”, cuenta a este periódico.

Si esta experiencia le enseñó a trabajar en equipo, a no rendirse y a confiar en la gente, también tiene claro que “de él no aprendí nada”. Bueno, quizás una cosa: “aprendí que cuando alguien viene y te golpea hay que levantarse y golpear más fuerte. Defenderse con todo lo que tengas, y eso es lo que hice”.

Fuente: El Español