Columnista Invitado: El Club 22 de Azcárraga Milmo

Ramón de Flórez.-

Hace aproximadamente 17 años, se publicó con gran éxito de librería una interesante biografía sobre Emilio El TigreAzcárraga, fallecido en abril de 1997. En ese libro, entre muchos datos sobre este personaje singular, carismático, visionario, excéntrico y poderoso, se da cuenta de un club privado de amigos, que se formó a comienzos de los años 50 y en donde aparecen los nombres de sus integrantes. Algunos eran hijos de los más prominentes hombres de negocios del México de entonces, y a su vez, independientes. Otros, sin riqueza familias, se desenvolvían a la par con ellos, ya que, a pesar de su juventud, tenía ya actividades exitosas e importantes ingresos.

Para juntar esos amigos desparramados en un grupo como el que se formó, Miguel Alemán Velasco hizo gala de su liderazgo caracterizado por sus iniciativas tendientes al fomento del aprecio y la amistas entre personas con simpatía mutua, pintos en común y gusto por el riesgo de emprender.

Nuestra actividad consistía en reunirnos una vez por semana a medio día y en privado en algún restaurante de lujo. El primer seleccionado para esas reuniones semanales fue mi restaurante, Villa Fontana, por ser yo miembro fundador del club. Esa deferencia me fue de gran importancia para acelerar el pago de las deudas que había contraído para montarlo.

La comida semanal nos permitía relajarnos de las tensiones que empezábamos a tener en el mundo del trabajo, al que dedicábamos más tiempo de lo acostumbrado entonces. Relajarnos suponía no hablar de negocios ni de logros económicos que todos conocíamos al detalle, pero que hubieran estorbado a la calidad social de la reunión. En cambio, en nuestras comidas abundaban los chistes colorados, los albures, los chismes y las anécdotas jocosas, alternando todo ello con los platillos más exquisitos, los vinos de reserva más finos y los licores más caros. Nos gustaba pasarla bien y no reparábamos en gastos. En ocasiones nos llevábamos fuerte y surgían las bromas pesadas, sumadas al hecho de que dos o tres integrantes del club cortejaran a la misma dama, cosa delicada que motivaba que la mayoría interviniéramos para evitar que las cosas se descarrilaran del objetivo de estrechar los vínculos amistosos. Éramos jóvenes precoces y menores de 30 años, salvo algún que otro vejete que se coló.

Estas reuniones exigían discreción y el único personaje adecuado para divulgarlos era Agustín Barrios Gómez, el cronista de sociales más relevante de México.

Los miembros del club eran Raúl Bailléres Jr, Miguel Alemán Velasco, Emilio Azcárraga Milmo, Melchor Perrusquía Jr., Rómulo O´Farril Jr. (el mayor de todos en edad), Ignacio Beteta, Eduardo Novoa, Gerardo Rodríguez, Víctor Velázquez Jr., Manuel Lazo, Othón Vélez jr., Fabián Arnaud, Fabián Aldama, Agustín Barrios Gómez, Agustín Zendejas, Carlos y Eduardo Lieja, Carlos Nieto del Río, Manuel Otis, Vicente Garza, Alfredo ChicoNieto, un servidor, Gabriel Alarcón Velázquez (el más joven de todos) y algún otro que se me escapa de la memoria.

Durante el tiempo que duró el Club 22 se hicieron o estuvieron a punto de hacerse importantes vinculaciones entre miembros en materia de negocios, al margen de que ya había algunos asociados entre sí por los intereses de sus familias. Sin embargo, no se hablaba de ello en nuestras comidas.

A Azcárraga Milmo le convenció Guillermo Cañedo, personaje de fútbol de entonces y un poco mayor que nosotros, de comprar el equipo de fútbol América y luego fueron socios en otros muchos negocios. Entre ambos se lanzaron a la aventura de construir el que muchos dicen sigue siendo el mejor estadio de fútbol del mundo, el Azteca. Emilio Azcárraga desde siempre miró muy alto, le gustaban los espectáculos masivos y desde muy joven estaba convencido de que la televisión iba a ser el primer poder del mundo. A la muerte de su padre, don Emilio Azcáraga Vidaurreta (1895-1972), se convirtió en El Tigre y hasta su fallecimiento, el hombre más poderoso de México después del presidente de la República en turno. Othón Vélez fue en los hechos su brazo derecho en Televisa, al igual que el padre de éste lo fue de don Emilio en la XEW.

Miguel Alemán y Rómulo O´Farril fundaron la televisión en nuestro país lanzándola desde el Canal 4 ubicado en el edificio de la Lotería Nacional. Posteriormente se asociaron con Grupo Televisa. Independientemente de tener el periódico Novedades, el The News y otras importantes publicaciones. Al morir el ex presidente de México Miguel Alemán Valdés (1900-1983), su hijo Miguel Alemán Velasco, quien fuera también presidente de Televisa, incursionó a su vez en la política ocupando, entre otros altos cargos, el de senador de la República y el de gobernador del estado de Veracruz. Hubo un momento en que pudo ser candidato a la presidencia de México, la que seguramente hubiera ganado.

Gabriel Alarcón impulsó con gran éxito la primera tarjeta de crédito que hubo en el mundo: Diners Club (*). Agustín Barrios Gómez alternó su fuerte presencia en los medios de difusión con la diplomacia, fue embajador de México en Canadá, en Suiza y cónsul general en Nueva York.

Fabián Aldama, decorador y fabricante de muebles de lujo, fundó la compañía de decoración interior más importante de aquel tiempo: Fabián y Suárez. Siendo a su vez productor de obras de teatro exitosas. Fabián Arnaud produjo importantes películas mexicanas asociado con El Tigre Azcárraga.

Y así podría seguir detallando, si tuviese más espacio, las actividades de cada uno de nosotros hasta la fecha, en que quedamos ya pocos. Desde jóvenes, y a cada quien en su dimensión y posibilidades, aportamos logros en la época que nos tocó vivir; de ellos ha dado cuenta el tiempo. Siento que los pocos que seguimos aquí, extrañamos a ese controvertido Club 22, a los amigos que pertenecieron a él y a esa juventud activa, soñadora y pletórica de proyectos en un México que se nos antojaba entonces como el país con más importancia del mundo.

Hasta la próxima.

Fuente: Columna Aquel Ayer. Revista Interjet. Año 10. Julio 2016. Número 116. Página 126. México.

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