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Espejo Retrovisor: Las regiones nostálgicas del circo en “Míster Universo”

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Leopoldo Villarello Cervantes.-

La 62 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, cerró con alto grado con la producción italiana “Míster Universo” (2016), dirigida por la pareja Tizza Covi y Rainer Frimmel, de quienes hace tres años conocimos “La pivellina” (2009), anclada en despachos del neorrealismo y con el mismo trasfondo que la reciente.

Logrado y afectivo documental por regiones nostálgicas del circo, de su evaporación irreductible en los años dos mil, con la metáfora de la muerte de los animales que eran uno de sus atractivos (aparte las campañas por derechos y cuidados fundamentales para ellos), de las raquíticas asistencias a las funciones; y lo que transitaron quienes antaño ejecutaban números vitoreados que hacían los deleites de adultos e infantes, a los que sobraban ganas de refrendarlos.

Los protagonistas de “Míster Universo” y la gente a su alrededor aún resisten laborando en ese espectáculo tradicional, en esa vida trashumante, con remolques por hogar, años con la misma gente que es su clan y antes compartieron con sus progenies; personas que van de un pequeño circo a otro, con eslabones indelebles entre ellos, nutriendo esas veteranas ferias mientras duren.

La suerte, el temor a perderla, la esperanza por conservarla o de tener fe en ella y en que por eso sus leones no le han atacado, o no haber sido magullado o sufrido un incidente de más peligrosidad, llevará al veinteañero domador de fieras Tairo Caroli a bregar tras un sucedáneo de su talismán, la herradura metálica que le ha salvaguardado desde niño, y que le han birlado por maldad sin enterarse de su valor emocional e intrínseco.

“Míster Universo” se reparte a viaje hacia un pasado redivivo, reencuentros con amigos y familiares; se despeja a reivindicar a un individuo legendario, que concede el título al filme, una leyenda del universo circense y del fisicoculturismo: Arthur Robin, originario del Caribe y victorioso de ese concurso en 1957, con el añadido de ser el primero de raza negra. (Y uno piensa que debieron contratarlo para actuar en los péplum italianos de aquella época, que era perfecto para compartir cartelera con Woody Strode y cófrades.)

El documental de Tizza Covi y Rainer Frimmel es siempre muy cercano a sus personajes, con cámara en mano; gana en cada visita del joven Tairo a su parentela, se tonifica con sus memorias, sus fraternidades, con su naturalidad, sin efectismos o falsos júbilos al recibirlo. Su voluntad cosecha, su pesquisa –y la de los cineastas- se reclina en las ligas entre todos esos seres humanos de cordialidad auténtica.

Espejo retrovisor 2

La pareja de documentalistas afina y sublima con los arrestos (gestos de amor) en paralelo de Wendy ‒una contorsionista‒, mientras Tairo viaja: en su certidumbre de aceptar lo que una quiromántica lee en las cartas, y en su propio rastreo para reponerle el amuleto y hallar al hijo/sucesor parcial de Robin. Por eso, Covi y Frimmel le ceden los últimos planos, bajo los reflectores, exultante en su estiramiento y doblar de cuerpo, así no haya miles de espectadores que aprecien sus ejercicios.

Los minutos del encuentro de Tairo con Arthur Robin y su Lily serían un colofón conmensurable, valen las contingencias, sus horas al volante; mirar y escuchar a ese musculoso hombre a sus casi 9noventa años, con la aceptación de que sus días osados han concluido, sus capacidades han mermado; pero ahí está su trofeo, sus fotografías. Tairo sabe que su buena fortuna ha sido conocerlo, pasar unas horas con él y su Lily. Cada uno con su talismán, cuya manufactura es otra estrofa de tiempos tristemente idos.

LEOPOLDO VILLARELLO CERVANTES. Estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica la carrera de guión y realización cinematográfica. Ha colaborado en distintos medios impresos y electrónicos como el suplemento cultural Arena, del periódico Excélsior. También ha participado en Radio UNAM con textos y recomendaciones para cine y televisión. Imparte el curso de apreciación cinematográfica en el Museo Universitario del Chopo, y uno con el mismo nombre en la FES Acatlán.

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