Columna invitada: Manuscrito en una botella; Alma de Pinot Noir

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Adán Medellín (@adan_medellin).-

En mis años de universidad, tuve un querido amigo que anhelaba ser director de cine. Devoto apasionado de Stanley Kubrick y capaz de recitar diálogos completos de la primera entrega de “Matrix”, él me introdujo al arte fílmico ‘serio’ y añadió montones de películas a mi bagaje, entrenado básicamente en los maratones de permanencia voluntaria de acción y de comedia del Canal 5, amén de los estrenos de cine comercial del momento.

Recuerdo que nos juntábamos en mi casa o en la suya una vez a la semana y armábamos nuestros ciclos personales. Tacos para llevar o el guisado que hubiera en casa, una jarra de café y tres películas elegidas entre ambos, que servían para desasnarme en los debates fílmicos que después tendríamos entre nosotros o con más amigos de la facultad. Él no tenía problema en repetir cintas que ya había visto y solía advertirme de alguna minucia técnica, un plano secuencia, un diálogo imprescindible. Afortunadamente, nunca tuvo corazón de spoiler, una virtud que se agradece entre los apasionados del séptimo arte.

Aquello duró un par de semestres y aunque poco a poco tomamos caminos distintos, la costumbre de mirar películas en tandas se me quedó, sobre todo para conjurar la melancolía de algún rompimiento amoroso. No recurría a “Bridget Jones” para olvidar a la susodicha, pero sí recuerdo a Woody Allen, a Godard, a Tarantino o a Bergman, que formaron cierta educación sentimental que ahora me pasa facturas. Entre esas películas, recuerdo una recomendada por mi amigo que me ha acompañado durante años y hoy viene al caso: Sideways (“Entre copas”, 2004).

Dirigida por el brillante Alexander Payne, Sideways es una historia sobre la amistad, el amor y la redención después de la incertidumbre, enmarcada en el viaje de dos amigos cuarentones por la región vinícola de Santa Bárbara, en California. ‘Miles’ es un novelista frustrado que no puede superar a su ex esposa ‘Victoria’, así como un conocedor exquisito del vino; ‘Jack’ es un mujeriego a punto de casarse que tendrá su última travesía de libertad.

Como toda gran road movie, el viaje exhibirá la verdadera naturaleza, los contrastes y las tensiones entre ambos amigos, mientras los transformará a partir del encuentro con dos mujeres en el camino. En Sideways hay amor, paisaje, filosofía, comedia y, sobre todo, mucho vino: todo el vino con el que ‘Miles’ quiere embriagarse para olvidarse de ‘Victoria’; todo el vino con el que intenta olvidar su novela fallida; todo el vino con el que intenta ocultar su enamoramiento de ‘Maya’, su crush del viaje y quien también comparte sus aficiones enológicas. Pero sobre  todo, abunda el vino con el que ‘Miles’ quiere esconderse de sí mismo, de rehacer su vida, del momento en que uno debe abandonar lo precedente y saltar al vacío, allá donde la novedad y las sorpresas nos aguardan.

Sideways 2

Para alegría de los winelovers, las líneas más significativas de la película –que concentran asimismo su núcleo poético- son las que el guión dedica a la cepa Pinot Noir. Aquí les ofrezco mi traducción:

Maya: ¿Por qué te interesa tanto la Pinot?… Es como algo muy tuyo.

Miles: Oh, no lo sé. Es una uva difícil de hacer crecer, como sabes. Tiene una piel muy delgada, es temperamental, madura temprano. No es una sobreviviente como Cabernet, que puede crecer en cualquier parte y aparecer aunque no le hagas caso. No, la Pinot necesita constante cuidado y atención. De hecho, sólo puede crecer en un rincón específico, pequeño, olvidado del mundo. Y sólo los cuidadores más pacientes y delicados la logran. Sólo quien se toma el tiempo de entender el potencial de la Pinot y lo lleva hasta su máxima expresión. Y entonces, obtienes sus sabores, los más encantadores, brillantes, emocionantes, sutiles y antiguos que hay en el planeta.

Cuando el cinéfilo presencia estas líneas interpretadas por un nostálgico Paul Giamatti, es inevitable preguntarse si a uno le dieron o no el alma de Pinot Noir. Si quizá necesita tiempo, espacio, cuidados para lograr toda esa potencia de los sueños que deseamos. Y aun si pasáramos de largo esa reflexión de ser presencias frágiles en busca de cariño, nos quedaría una duda: ¿A qué sabe la Pinot Noir en nuestra boca? ¿A qué nos remite? ¿Adónde nos lleva? Que estas líneas sean una invitación o el pretexto perfecto para responder la pregunta.

Fuente: Revista Apasionado, no. 24, Febrero-Marzo, 2017, página 36.

Febrero-Marzo 2017.

ADÁN MEDELLÍN. Narrador y periodista, es Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM. Obtuvo el Premio Nacional de Relato Sergio Pitol (2007). Ha publicado los libros de narrativa “Vértigos”, “Tiempos de Furia” y “El canto circular”, con el que ganó el Concurso Nacional de Cuento “Sueño de Asterión 2013”. Tradujo en conjunto el poemario “Nierika. Cantos de visión de la Contramontaña”, del poeta francés Serge Pey. Ha colaborado en distintos medios culturales y de estilo de vida. Actualmente es jefe de redacción de Playboy México, consejero editorial en El Gourmet y columnista en Apasionado.

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