Columna Invitada: Caifanes, la ceremonia de la identidad

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Luis Gerardo Salas.-

Me descubrí a mí mismo escuchando con todo: Ni un sólo centímetro de mi cuerpo se movía o, como lo ha hecho muchas veces inconscientemente, seguía el ritmo de la música. Estaba escuchando desde muy adentro, perdido en sensaciones que seguramente eran consecuencia de historias, sensaciones que tomaban el protagonismo del envolvimiento abstracto que estaba creando la música. Por alguna peculiar razón, siempre mis recuerdos son sensaciones de luz. Me conecto en este momento en particular con cómo sentía y veía la luz cuando llegaron el ‘Oso’ Pavón y Saúl Hernández a mi oficina del Núcleo Radio Mil con un entusiasmo incontenible que tenía desde la llamada de “ahí voy”. Con un cassette en la mano y la emoción de la entrega, junto con las escaleras y el recorrido a toda velocidad, entrecortando el aire de las palabras, me presentó el demo final de “Mátenme porque me muero” de Caifanes. Con la misma prestancia lo pusimos en mi equipo de sonido. Nos sentamos en silencio e intensidad a escuchar… como lo estaba haciendo ahora, 29 años después. Al terminar de escuchar salí de la oficina y fui al estudio a trasladar la grabación a cinta de un cuarto de pulgada para lanzarla al aire. En menos de 10 minutos simultáneamente en Espacio 59 y en Rock 101 estaba sonando por primera vez en México y el mundo, al aire, el inicio de una historia que iba a resultar fascinante hasta el día de hoy.

Esos años convulsos, caóticos y prodigiosos, como son los momentos en los que la historia se escribe para documentar la transformación y el cambio de una nación, están llenos de imágenes en las que todos trabajábamos por un fin común: cambiar el país, mostrar una nueva cultura que estaba llena de emoción, identidad y propuestas y que había sido silenciada por, cuando menos 16 años desde 1968. La transmisión de “Mátenme porque me muero”, en ese momento de 1987, era la consolidación de la labor que veníamos realizando desde 1985 con la transmisión de rock en español de España y Sudamérica, del involucramiento con Comrock y la difusión de sus grupos: Ritmo Peligroso, Kenny y los Eléctricos, Mask, Clips; de la realización en 1986 del concurso “Rock en tu idioma” y de la incorporación a secuencias normales de programación de nuevos sonidos que además aportaban una nueva relación con el lenguaje y la estética de una nueva música. Caifanes, con “Mátenme porque me muero”, confirmaba su presencia sobresaliente en todo este movimiento, aportando una identidad única de sabores alternativos y reconocimiento de la mexicanidad como un algo moderno, actual, que reconoce sus herencias milenarias, místicas y cósmicas a través de metáforas de un nuevo romanticismo cargado de melancolía y el sin encuentro de la primera pérdida, del primer amor, consolidando la nueva dinámica cultural de una década que estaba transformando para siempre el concepto de “rock”, de “jóvenes”, de “comunicación” en México.

En este momento, 29 años después, vivo otra vez aquel concierto en el Hotel de México -hoy WTC- de Radio Futura con Caifanes como uno de los grupos teloneros. La captura que hizo del público que al final, con “La negra Tomasa” -característica canción de cierre de sus conciertos- estaba totalmente conquistado, desbordado, seducido en el baile, el canto, la ceremonia que comenzó a significar cada presentación de Caifanes. Vivo también aquella primera vez en 1987 que los presentamos en Rock Stock, noche a la que asistieron 15 personas. Vivo la sensación del fenómeno que fueron construyendo paulatinamente entre ese 1987 y el 1990, cuando produjimos su primer concierto masivo en el Auditorio Nacional en un escenario decorado con dos gigantescos alebrijes; concierto que era la conclusión de una primera época de crecimiento que, sólo meses antes, fue casi imposible presentar por última vez en Rock Stock… mil 400 personas adentro, otras mil afuera sin posibilidades de entrar en un concierto que aún recuerdo nuevamente con la luz del escenario reflejada en los rostros de cada uno de los mil 400 asistentes, entregados totalmente a sus emociones en cuerpo y alma cantando “préstame tu peine…. y péiname el alma”… la misma emoción que vería muchos años después en el Foro Sol en la reunión del grupo en Vive Latino. Igualmente vivo en esta escucha el final, en 1995 en el “Exilio”: su último concierto en el Distrito Federal en donde se sentía tanto en backstage como en el escenario una vibra densa que, sin embargo, se transformó en una energía imponente en el concierto. Energía que me confirmaría muchos años después Saúl, era real, oscura… pero que alimentaba el espíritu místico de la banda, arriba del escenario y la banda que se apersonaba a una autentica ceremonia, como cada uno de sus conciertos.

Este otro momento de profunda escucha se vuelve aún más excitante acompañado por el enigmático sonido de la aguja atrapando el primer surco cuando ponemos a 33.3 rpm’s el primer disco de Caifanes en una reimpresión que adicionalmente deslumbra con un diseño gráfico fascinante plasmado en sus dos caras, abriendo así el contenido de “La Caja” un objeto/arte que contiene los cuatro álbumes oficiales de la banda en vinilo junto con una edición especial de 10” de “La negra Tomasa” en una presentación digna de la historia que han sido y representado para México, auténtica recuperación de esta historia, merecida compensación de colección.

Con un cuidadoso, magnífico y sorprendente diseño en empaque, así como una bellísima impresión de motivos etéreos, de sabor indiscutiblemente “Caifán” en cada vinilo, “La Caja” de Caifanes reúne sus cuatro producciones con cada portada original y con la portada original del sencillo “La negra Tomasa” en un formato de 10”, dejando un testimonio valiosísimo de su historia, nuevamente innovando con esta idea, la primera en México para una banda mexicana, a la altura de cajas similares de Springsteen, Dylan, Pink Floyd.

Invitada caifanes 2

Como lo mencioné anteriormente, “La Caja”, me parece una auténtica compensación histórica que refleja la identidad y encuentro íntimo transgeneracional que Caifanes ha sido en nuestro México.

Me descubro escuchando y de repente me reconecto con el presente y Jorge, que también estaba escuchando desde su propio universo, regresa junto conmigo con una sensación de comunión, de historia compartida alrededor de la música de Caifanes… de satisfacción por los momentos construidos en esta historia que se materializa en un, insisto, objeto/arte que deja aún más marcada la huella trascendental del cambio histórico, cultural, auténticamente revolucionario, que recuperó a partir de entonces, 1987, a México de un traumático pasado reciente… en la ceremonia que hoy en día seguimos conviviendo alrededor de la música de Caifanes.

Fuente: Sony Music México

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