Close Up: Christopher Reeve

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Adelaido Martínez.-

A continuación, hablaremos sobre un actor que se volvió famoso gracias a uno de los superhéroes más importantes del mundo del cómic, y aunque al principio no parecía así, supo diversificar su carrera con otros papeles. Desafortunadamente la vida le jugó una mala pasada y tuvo que luchar mucho por recuperarse, hasta que falleció. Con ustedes, Christopher Reeve.

Nacido el 25 de septiembre de 1952 en Mount Kisco, Nueva York, Reeve tuvo que pelear cuesta arriba casi desde que nació. Llegó a medir más de 1.90 de estatura, padeció asma e incluso alopecia, además de fuertes contenciones musculares. Aun así, fue aceptado para trabajar en Broadway, donde debutaría en 1976 en la obra “A Matter of Gravity”.

Trabajó durante un tiempo considerable en la meca del teatro, sin embargo, sus satisfacciones eran más personales que económicas, por lo que pensó en dejar la carrera para trabajar de payaso junto a su padre (no es broma). Sin embargo, se enteró del casting para una nueva cinta sobre Superman, que tenía a Richard Donner en la silla del director. Obtuvo el papel y la cinta se convirtió en un éxito de taquilla en 1978.

Fue tal el impacto que tuvo la cinta, que se filmaron tres más, en 1980, 1983, y 1987 con una consecuente disminución de éxito. Aún así, los críticos aseguran que Reeve es, a la fecha, el mejor actor que ha encarnado a Superman en el cine, comparándolo con el trabajo que hizo Tom Welling en la serie de televisión “Smalville”.

A pesar de que, indirectamente, ya había alcanzado la inmortalidad gracias al héroe de DC Comics, Reeve no quiso quedarse sólo con ese papel, y aceptó hacer otro tipo de historias. Por ejemplo, en 1979 filmó la cinta de corte romántico “Pide al tiempo que vuelva”, junto a Jane Seymour (“Dr. Quinn”), que no fue un éxito de taquilla pero poco a poco adquirió el estatus de culto.

A ésta le siguieron varias cintas que filmó mientras hacía la saga de Superman: “Death Trap” (1982), “Monsignor” (1982), “Las Bostonianas” (1984), una versión fílmica de la novela de Tolstoi “Anna Karenina” (1985) y en “Street Smart”, en la que el éxito no fue para él, sino para su coestrella, Morgan Freeman, que hasta con nominación al Óscar salió.

Se dedicó por un tiempo a filmar cintas para televisión, y en el 93, funciona como actor de soporte en “Lo que queda del día”, que estelarizaron Emma Thompson y Anthony Hopkins. En 1994 filma “The Village of The Damned”, remake del original de 1963, cuando la tragedia llegó a su vida.

El 27 de mayo de 1995, al caer de un caballo en una competencia hípica, Reeve se rompe las dos primeras vértebras cervicales. Desafortunadamente, esto derivó en una parálisis casi total, pues sólo recuperó la movilidad de los dedos de su mano izquierda, y eso valiéndose de mucho esfuerzo. Fue entonces cuando retomó su carrera filantrópica, luchando por causas como la suya ante organismos como la Unesco. Decimos retomó porque desde los días de bonanza de la saga de “Superman” ya apoyaba causas benéficas.

Afortunadamente, su accidente no impidió que continuara en la farándula. De hecho, en 1997 debutó como director en la cinta para TV “In The Gloaming”, acerca de un joven con Sida que pasa sus últimos días con su familia. En el 9, hace una nueva versión del clásico de Hitchcock “La ventana indiscreta”, donde actúa junto a Daryl Hannah (“Kill Bill”), y es invitado a varias series como “Plaza Sésamo”, “Los Practicantes” y hace dos capítulos de “Smalville” que se convertirían en dos de los más vistos de toda la historia de esta serie.

En 1998, publicó “Still Me”, su autobiografía que lo ubicó entre los libros más vendidos. La ingrata experiencia de su accidente lo convirtió en un orador motivacional, a pesar de que en alguna ocasión incluso pensó en el suicidio. Fue a partir de que se diera a conocer su desgracia, se volvió un ejemplo hasta su muerte, acaecida el 10 de octubre de 2004, debido a un ataque cardiaco.

De acuerdo con lo publicado en aquel entonces, su muerte era algo esperado. Desde 2001 comenzó a ser susceptible de infecciones corporales a causa de una atrofia muscular irreversible y la aparición de escaras (úlceras infectadas de presión en una lesión medular). Lograba sobrevivir pero en la última crisis fue cuando perdió la batalla.

Incluso, Reeve prestaba su cuerpo a la investigación médica, concretamente para la experimentación de neurotransmisores que poco a poco le harían recuperar la movilidad perdida, sin embargo, resultó un fracaso.

Ahora, a la distancia, podemos decir que Christopher Reeve es un ejemplo de vida más allá de su carrera artística, pues supo enfrentar la adversidad y nunca se dio por vencido hasta que el ciclo de su vida se lo permitió.

Lo más increíble de todo es que interpretó a Superman en cine, pero en la vida real se convirtió en un verdadero hombre de acero, al luchar para superar una situación tan grave como la suya.

mayo 29, 2015

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