Caleidoscopio: Lou Reed, sacerdote supremo de un rock audaz

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Cuarenta años por lo menos gozó el rockero neoyorkino Lou Reed de un prestigio bien ganado por su obra musical, pero nunca dejó de ser un fenómeno marginal en el panorama de la industria discográfica a nivel global.

Así lo buscó y así lo logró este “Coney Island Baby” que comenzó una experiencia muy interesante en el movimiento del rock alternativo, a partir de la fundación del grupo The Velvet Underground, con su amigo de la infancia John Cale, y la protección del sacerdote supremo de la contra cultura Andy Warhol.

Llama la atención que Lou Reed -el próximo 27 de octubre se cumple su cuarto aniversario luctuoso- tiene muchos colegas que le hacen reverencias  su música, pero todos saben que jamás fue gran vendedor de sus discos, a pesar de que por lo menos la colección de cuatro álbumes: The Velvet Underground (1964-1970), Transformer (1972), Berlín (1973) y Rock and Roll Animal (1976), representa su legado y el objeto de toda clase de estudios que se han hecho del rock surgido en Nueva York, porque es la base de lo que hicieron muchos grupos del punk rock (The Ramones hasta Sex Pistols).

Bajo la protección de Andy Warhol, los tres rockeros fundadores de The Velvet Undergound (Reed, John Cale y Nico), querían demostrar al mundo que su propuesta musical era lo más audaz en el rock de los 70, y que no todo eran The Beatles o The Rolling Stones.

Eran la pura vanguardia musical y tal vez por eso no lograron competir con los grupos líderes de aquel momento, y jamás fueron sometidos a las exigencias del comercio, y ese ejemplar espíritu anárquico dejó una huella imborrable.

El ejemplo lo siguieron decenas de grupos que hasta la fecha son respetados por defender la esencia y legitimidad de su música, por eso Lou Reed llegó a ser sacerdote supremo en eso de la anarquía del rocanrolero por excelencia, y un gran poeta sin duda, que buceó con sus canciones en la fascinante vida bohemia de Nueva York y ejemplo a seguir para decir lo que se quiera a tambor batiente del rock.

La bisexualidad de Reed estaba presente en sus canciones y Transformer es un reconocimiento de la realidad y personajes que lo rodeaban en su ambiente neoyorkino.

Una canción emblemática de aquellos años setenta, cuando Nueva York le ganó la batalla a San Francisco como el verdadero eje cultural de los artistas jóvenes, es Walking on the Wild Side (Caminando por el lado salvaje), donde Lou Reed reconoce a esos personajes tan cercanos a él como el símbolo sexual del cine porno Joe Dalessandro; los transexuales Holly Woodlawn, Jackie Curtis y Candy Darling, también protegidos de Andy Warhol en aquella mítica Factory, que era una copia en lo bohemio de las grandes productoras de cine de Hollywood.

La música de Lou Reed tiene también el testimonio de su experiencia con las drogas heroicas, y su tema Heroin se hermana con la novela Yonki, de William Burroughs, que son inseparables del seguimiento de ese fenómeno en nuestro tiempo.

Decía el historiador José Antonio Nava que el disco de Reed, Berlín, lo había realizado bajo los efectos de un ‘pasón’ de pastas y jeringazos, y a nos parece la gran obra de este poeta oscuro del rock neoyorkino, el equivalente de Abby Road, el Disco Blanco y Sargent Peppers…, de los Beatles y Simpatía por el diablo de los Roling Stones.

Por: Fernando Díaz Juárez | @fercho_potter

Periodista todoterreno que ha encontrado en el cine la expresión única para transmitir ideas, sentimientos y formas de ser. Ha transitado por medios como TV Azteca, donde fungió como analista de contenidos. Egresado de la Universidad de Periodismo y Arte en Radio y Televisión (PART), también ha colaborado para publicaciones como las revistas Chilango, Tiempo de Joyas, Quo y Tec Review, esta última del Tecnológico de Monterrey. Actualmente se desempeña como editor de Filmeweb.

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