Caleidoscopio: Los triunfos escénicos de Irma Lozano

mayo 23, 2016

Fernando Díaz Juárez.-

Hace unos días tuve la fortuna de recibir un regalo espléndido: el DVD de la película “Cruz de amor” (1970), un drama total y completamente lacrimógeno dirigido por Federico Curiel, que muestra el talento histriónico de dos grandes actrices del cine mexicano: Silvia Derbez y una entonces joven Irma Lozano, en el papel de la chica que se avergüenza de sus orígenes humildes pero en especial de su madre, quien trabaja como sirvienta en la casa de una mujer millonaria y su hijo (Julio Alemán), del cual la protagonista se enamora.

Como la mayoría de los actores, el teatro fue un peldaño importante hacia el éxito en la carrera de Irma Lozano; también el cine y la televisión, pero en definitiva fue sobre los escenarios donde pudo demostrar de qué estaba hecha su vena artística.

Haciendo historia sobre esa parte en la carrera de la actriz, fallecida en octubre de 2013, se comenta que su debut teatral ocurrió en el montaje de la comedia “La luna es azul”, en el Teatro de los Insurgentes, como dama joven del legendario galán del cine mexicano Mauricio Garcés, en 1963, aquí en la Ciudad de México, sin embargo algo había ocurrido poco antes en ese mismo año en Monterrey, Nuevo León, que fue precisamente lo que marcó el arranque de una trayectoria muy brillante de Irma Lozano.

En la capital neoleonesa siempre ha existido un movimiento teatral de alto nivel profesional, y en la década del 60, todo un grupo de directores fomentaba la afición por el buen teatro, con el montaje de autores mexicanos. El director teatral Luis Martín (de larga carrera también), contaba que el detonador de la carrera de Irma Lozano, su debut pues, en Monterrey, se dio con la obra “Los huéspedes reales”, de Luisa Josefina Hernández, haciendo el papel protagónico de este drama que Natalia Traven volvió a montar hace tres años en el Teatro de la Capilla, en Coyoacán.

En esta obra de Luisa Josefina Hernández, Irma Lozano interpretaba a la hija de una madre posesiva, que se niega a someterse a un matrimonio que le han arreglado. El montaje se hizo en el Teatro del Obispado en Monterrey, y además de fascinar con su interpretación, la actriz tenía el gran momento de la obra cuando se rebela contra su madre y en un gesto muy dramático, rompe un collar de perlas con el que querían convencerla de casarse con un hombre que no ama.

Luis Martín contaba que era tan impactante cuando la Lozano reventaba el collar de perlas para apoyar su rebelión contra la madre, que el público estallaba en aplausos creando esos momentos que en el teatro son irrepetibles. Pepe Valero, productor y director de la Ciudad de México, tuvo oportunidad de ver el trabajo de la actriz, y pronto la recomendó para que interpretara en la capital a otra jovencita rebelde en “La Luna es azul”, con la cual Irma Lozano conquistó a su primera generación de admiradores.

Fue así que en los cincuenta años de carrera, que cumplió poco antes de morir, Irma Lozano se hizo favorita de los grandes directores de escena. Alexandro Jodorowsky la llevó en su adaptación original de “Así hablaba Zaratustra”; Julio Castillo la llamó para hacer “El Evangelio” y también “Atlántida”, la obra del autor mexicano Óscar Villegas; el actor, director y autor español Adolfo Marsillach vino a México a dirigir a Irma Lozano en la comedia de la transición postfranquista “Yo me bajo en la próxima, ¿y usted?”, de exitosa temporada en el Teatro Lírico.

En el cine, Irma Lozano aparecería algunas veces confinada en comedias ligeras como “Modisto de señoras”, donde hizo nuevamente pareja con Mauricio Garcés, o melodramas como “Yesenia” o “María Isabel”; pero de pronto surgía algún director que trataba de mostrar su verdadero valor como actriz en la pantalla grande; eso ocurrió con Alberto Mariscal, que la dirigió en su western “Todo por nada”, con los hermanos Almada.

El crítico Jorge Ayala Blanco, en su crónica del filme, destacaba la brillante presencia de “la Pasoliniana Irma Lozano”, con lo cual le daba a la actriz una categoría que la acercaba a las heroínas del cine del director italiano Pier Paolo Pasolini.

Era la confirmación del alcance de una presencia que trascendió la banalidad de géneros televisivos para ubicarse como una figura de trascendencia.

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