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Caleidoscopio: Los que prefieren elegir y ver películas a la ‘antigüita’

abril 29, 2018

Por: Redacción

Asistir a una sala de cine en la actualidad puede ser una experiencia alucinante o deslumbrante, porque es muy diferente a lo que se acostumbraba en otros tiempos cuando los cines de barrio quedaban a la mano, y se podía revisar la cartelera con sólo un paseo por el lobby de las instalaciones, imaginando las emociones que producían las películas “de vaqueros”, “de amor”, “de aventura”.

Hace 50 y todavía hace 30 años, los medios promocionales de las películas se limitaban a las páginas de espectáculos en los periódicos, algún reportaje en las revistas de moda o política o las especializadas como lo fueron Cine Universal y Cine Avance, dos instituciones que crearon expertos en el auténtico periodismo de espectáculos.

Así como cantaba Maurice Chevalier en el musical Gigi (Vincente Minnelli) Thanks Heaven for Little Girls (Gracias al cielo por las nenas), podemos parafrasear diciendo “Gracias al cielo… porque no se ha perdido la costumbre de ir a buscar diversión frente a las pantallas”, aunque ahora, debido a las nuevas tecnologías y al uso de dispositivos móviles, podemos consultar la cartelera desde nuestro celular eligiendo el día, la hora, el complejo y la película que queremos ver. Más fácil y accesible no se puede.

Hay quienes todavía no se acostumbran a esos cambios y prefieren llegar a la taquilla, sacar el efectivo o tarjeta de débito, pues en el último momento pueden cambiar de opinión dejándose llevar por la intuición de que la película que hubieran elegido no les “late”, ya sea porque vieron el cartel, leyeron la sinopsis o simplemente escucharon los comentarios de la gente que por ahí deambula.

Y justo uno de los complejos en los que aún muchos espectadores se decantan por ese tradicional modo de elegir ver una película es Cinépolis Diana, originalmente Cine Diana, en pleno corazón de la Ciudad de México.

Hasta donde nos cuentan los cinéfilos más veteranos, esa sala fue la primera que rompió el cerco de cuatro pesos (¡lo que valían antes de chorrocientas devaluaciones) por boleto en 1966, cobrando el doble y estrenando una serie de películas que ahora se atesoran en formato digital: Dr. Zhivago, con Omar Sharif; Lawrence de Arabia, con Peter O’Toole, ambas dirigidas por David Lean; West Side Story, de Robert Wise y Jerome Robbins, con Natalie Wood, Rita Moreno y George Chakiris, de la que por cierto Steven Spielberg ya prepara un remake.

Y de las películas mexicanas esos geniales amigos cinéfilos recuerdan en el Cine Diana las “alfombras rojas” de La vida inútil de Pito Pérez, de Roberto Gavaldón, con Ignacio López Tarso, cuando le encargaron al poeta Salvador Novo que hiciera la presentación de esta cuarta versión de la novela de José Rubén Romero.

Con su acostumbrada agudeza, Novo se refirió a las caracterizaciones del personaje que antes habían hecho Manuel Medel y Tin Tan, y que esa noche de la premier ya era hora de conocer cómo le había quedado el ‘Pito’ a López Tarso, desatando la risa del público con su albur.

Por: Fernando Díaz Juárez | @fercho_potter

Periodista todoterreno que ha encontrado en el cine la expresión única para transmitir ideas, sentimientos y formas de ser. Ha transitado por medios como TV Azteca, donde fungió como analista de contenidos. Egresado de la Universidad de Periodismo y Arte en Radio y Televisión (PART), también ha colaborado para publicaciones como las revistas Chilango, Tiempo de Joyas, Quo y Tec Review, esta última del Tecnológico de Monterrey. Actualmente se desempeña como editor de Filmeweb.

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