Caleidoscopio: La sirena del cine de nombre Esther Williams

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Fernando Díaz Juárez.-

Una de las etapas más divertidas de la carrera de la actriz estadounidense Esther Williams fue cuando decidió publicar sus memorias. Nadie imaginó que la amazona de las piscinas de Hollywood tenía algo interesante qué contar de lo que había sido su trayectoria, sobre todo porque ya en el retiro, no había alrededor de ella nada que fuera notablemente escandaloso, sin embargo, las páginas de ese libro titulado “La sirena del millón de dólares”, son el mejor testimonio de que la estrella no la pasó mal en el universo del celuloide.

Resaltaba en ese recuento biográfico que toda su vida fue asediada de una manera agobiante por los hombres. Ya fuera un vecino de que la violó a los 16 años, o bien el Tarzán del cine Johnny Weissmuller, que quería obligarla a tener sexo con él, cuando participaron en un espectáculo acuático en San Francisco, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Ambos debían haber participado en la Olimpiada de Helsinki, Finlandia, pero se quedaron en casa al estallar el conflicto bélico.

El sueño de la fallecida Esther Williams -este 2016 se conmemoró su tercer aniversario luctuoso-, como el de muchas jovencitas era llegar a Hollywood, y lo consiguió. Gracias a su cuerpo escultural fue contratada como modelo de una tienda departamental en Los Angeles, donde fue descubierta por un caza talentos de la productora Metro Goldwyn Mayer, que sería la gran promotora de su carrera por varias décadas. Luego de probarla en pequeños papeles, le dieron el estelar de “Escuela de sirenas” (1944), que filmó con Red Skelton.

Se dio el lujo de tener a parejas de moda como los galanes Van Johnson, el cantante Howard Keel, e incluso hizo un trío con los ratoncitos de animación “Tom y Jerry”, con los que nadaba bajo el agua en una de sus comedias. Es histórico el hecho de que Esther ha sido la única figura del cine a la que le construyeron un foro submarino, en el que tienen lugar muchos de los números fabulosos de sus películas, aunque con ellos puso en riesgo muchas veces su propia vida al realizarlos.

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En la recordada biografía, habla lo mismo de su gran amor por el actor argentino que triunfó en Hollywood, Fernando Lamas, aunque revelaba en forma pícara que el hombre la atrajo cuando él le confesó que la presencia de ella le provocaba una importante erección que sólo podía ser aliviada en la recámara, mientras filmaban la escena de una película. Lamas la convenció y tuvieron un feliz matrimonio. Incluso fue una madrastra encantadora con Lorenzo Lamas, el hijo que el actor había procreado con su anterior esposa, la muy sofisticada Arlene Dahl.

En el proyecto fílmico que le diseñó su productora, Esther filmó una cinta en México, “Fiesta”, en 1947, que era la presentación en Hollywood del mexicano Ricardo Montalbán, con quien mantuvo una cordial amistad hasta la muerte de él. En la cinta hacen el papel de dos hermanos, no gemelos sino “cuates”, que tienen vocaciones diferentes: ella con son afán de llegar a ser torera y él, con el suyo de triunfar escribiendo música sinfónica.

La película es una deliciosa curiosidad porque Ricardo Montalbán tiene un par de número musicales con otra diva de Hollywood: Cyd Charisse, y uno de ellos es el baile mexicano de “La bamba”.

En otra cinta, “La hija de Neptuno”, Ricardo y Esther se enamoraban e interpretaban la famosa canción “Nena, qué frío hace afuera”, que ganó el Oscar a Mejor Tema Musical en 1949. “La linda dictadora” (Take me Out to the Ball Game), de 1949, le puso de compañeros a Gene Kelly y Frank Sinatra.

Sin embargo, en su biografía, la Williams revela que el rodaje de esta última cinta fue un verdadero infierno, porque tanto Gene Kelly como el director asistente Stanley Donen (que llegaría a dirigir la obra maestra de los musicales “Cantando bajo la lluvia”), se dedicaron a hacerle bullying, con terribles bromas pesadas sólo porque ella quería llegar a ser una actriz dramática. La sirena de los “musicales acuáticos”, es la única que se ha atrevido a decir que Kelly, que siempre tuvo fama de caballero, era en realidad un patán.

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