Caleidoscopio: Fernando Luján en el firmamento cinematográfico

enero 26, 2019

El reciente fallecimiento del primer actor Fernando Luján deja un lugar insustituible en la industria del cine mexicano, para la que trabajó por más de seis décadas en producciones tan variadas como exitosas. Poco a poco, ahí se forjó una identidad y nombre propios cobijado por sus tíos maternos: Andrés, Fernando, Domingo y Julián Soler.

Aunque debutó en teatro a los siete años en la puesta en escena Marianela, muchos lo recordamos en cine en aquella memorable escena del filme El mil amores (1954), al lado de Pedro Infante, donde interpretó a un puberto deseoso de convertirse en marino y que también corteja a la hija del personaje encarnado por el ‘Ídolo de Guamuchil’.

Pero sin duda una de sus mejores etapas como ídolo juvenil fue durante los años 60, cuando participó en largometrajes que daban voz a un sector incomprendido de la sociedad, inmiscuido en problemas como el robo, la delincuencia, las adicciones o el crimen, y que en aquella época cimbraban la moral de más de un espectador.

Tal fue el caso de cintas como Peligros de juventud (1960), Jóvenes y rebeldes (1961) Juventud sin ley (1966) y Los perversos (1967), en donde compartió pantalla con actores cuyas carreras comenzaban a despuntar: Angélica María, Fanny Cano, Lorena Velázquez, César Costa y Enrique Guzmán.

Si de anécdotas poco agradables se trata, fue a mediados de esta década cuando tuvo un percance en el que casi pierde la vista al participar en el rodaje de la cinta Viento negro. Con locaciones en el desierto de Altar, en Sonora, interpretó a un ingeniero que termina suicidándose bajo el rayo inclemente del sol.

Para ello debió usar pupilentes especiales que le hicieran tener ojos blancos, pero nunca imaginó que al terminar de filmar su última secuencia y quitárselos, sólo vería una informe masa blancuzca durante casi 14 horas. Negligencia total de cierta persona, pues ésta le había puesto los pupilentes al revés.

En su vasta trayectoria cinematográfica, Fernando Luján también tuvo el privilegio de trabajar con dos de los comediantes más icónicos de la pantalla grande: María Elena Velasco ‘La India María’, en El miedo no anda en burro (1976); y Mario Moreno ‘Cantinflas’ en El patrullero 777 (1978).

Cuentan que durante las filmaciones tuvo una complicada relación laboral con el llamado ‘Mimo de México’, quien en todo momento se comportó soberbio y egoísta por considerar que él y sólo él tenía la capacidad de destilar comicidad a través de su personaje, el agente ‘Diógenes Bravo’.

Y cómo olvidar su participación en la emblemática telenovela Mirada de mujer (1997), donde encarnó a ‘Ignacio Sanmillán’, que abandona a su esposa ‘María Inés’ (Angélica Aragón) por una mujer mucho más joven interpretada por Martha Mariana Castro, con quien inició una relación sentimental en la vida real y que, después de varios altibajos, perduró hasta el último momento.

Hubo dos películas que marcaron su carrera cinematográfica: El coronel no tiene quién le escriba (1999), basada en la novela homónima Gabriel García Márquez y que lo llevó al Festival de Cannes al lado del director Arturo Ripstein; así como Cinco días sin Nora (2008), que le valió el máximo galardón del cine mexicano, el premio Ariel.

Entre los grandes homenajes a su trayectoria destaca el que recibió en 2013, en el marco del Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF, por sus siglas en inglés). Ahí habló de todo un poco: desde su sentir respecto a pertenecer a una familia de actores y diversas anécdotas en los sets de filmación, hasta la curiosa forma en que estudiaba y se apropiaba de algún personaje: caminando, pues afirmaba que le entraba por los pies.

Entre sus últimos trabajos figuran la telenovela La hija pródiga; la primera temporada de la serie Ingobernable; y las películas Cuando los hijos regresan, en la que trabajó al lado de la española Carmen Maura; Overboard, con de Eugenio Derbez; y El club de los insomnes, con su hija Cassandra Ciangherotti.

Por: Fernando Díaz Juárez | @fercho_potter

Periodista todoterreno ha encontrado en el cine la expresión única para transmitir ideas, sentimientos y formas de ser. Ha transitado por medios como TV Azteca, donde fungió como analista de contenidos. Egresado de la Universidad de Periodismo y Arte en Radio y Televisión (PART), también ha colaborado para publicaciones como las revistas Chilango, Tiempo de Joyas, Quo y Tec Review, esta última del Tecnológico de Monterrey.

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