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Caleidoscopio: El terrible encanto del cine 3D

marzo 22, 2019

Escrito por: Fernando Díaz Juárez | @fercho_potter

Este 2019 se cumplirán 67 años de haber hecho su primera aparición en las salas cinematográficas la película en tercera dimensión El león Bwana (Bwana Devil, 1952), una cinta independiente del cine norteamericano protagonizada por Robert Stack, el recio actor que encarnó al implacable policía de Chicago en la serie televisiva Elliott Ness.

En esta época, cuando las películas en 3D llegan a las pantallas del mundo, con la perfección tecnológica que ayuda al espectador a participar de manera interactiva en tramas de acción, de personajes animados e incluso comedias, ya nadie recuerda aquellas primeras cintas con las que se pretendía atraer a los aficionados al cine y sacarlos de sus casas para ganarle la batalla a la televisión.

En aquél 1952 México era el reino de las películas, aunque ya algunos canales televisivos gozaban de cierto auge, y el “juguete” de la tercera dimensión en el cine fue permitiendo la llegada de otras producciones que le permitían al público vivir la sensación de que las imágenes se desbordaban de la pantalla.

Después de aquella película modesta de El león Bwana, se estrenó en dos salas capitalinas Terror en el museo de cera (House of Wax), con el actor Vincent Price, quien interpretó a un diabólico coleccionista de víctimas a las que guardaba en su propia efigie de cera.

La fiebre del 3D duró apenas un par de años en la industria fílmica de Hollywood, y a pesar de que existen muchos títulos realizados incluso por directores famosos, a México ya no llegaron todas esas cintas porque la Warner Bros., con Terror en el museo de cera, le ofrecía al espectador la alternativa de escoger esta historia para verse con lentes especiales, que se regalaban; o con fotografía plana, porque se había corrido la leyenda urbana que este formato afectaba los ojos del espectador.

Es así que cintas como Con M de muerte de Alfred Hitchcock, con Grace Kelly y Ray Milland, nunca se vio en nuestro país en 3D. La gran escena era cuando la futura princesa Gracia Patricia de Mónaco se defendía de un asesino, armada de unas tijeras (era la imagen de la publicidad del filme), y a muchos siempre les quedó la duda de saber cómo salían de esa pantalla.

El musical Bésame Catalina, de George Sidney, con Howard Keel y Kathryn Grayson, y música de Cole Porter, basada en La doma de la bravía de William Shakespeare, también se produjo en 3D, pero los cinéfilos mexicanos nunca la conocieron con ese atractivo visual.

En el cine mexicano hubo sólo una película en 3D: El jinete (1954), dirigida por Vicente Orona; historia de acción protagonizada por Martha Roth y Dagoberto Rodríguez.

El público desechó el juguete de la tercera dimensión y las productoras volvieron a la imagen plana, aunque hubo algunos casos, como el de Andy Warhol, quien produjo la cinta Flesh for Frankenstein (1974), y por su contenido erótico se difundía en las salas de cine especializadas alrededor del mundo.

Terror y erotismo eran la mejor combinación. Sus estrellas eran el alemán Udo Kier y el símbolo sexual del cine de Warhol, Joe Dalessandro. En México el productor y director Gustavo Alatriste exhibió esta cinta en funciones de medianoche en una cadena de salas de arte que luego desaparecieron. Con la ayuda de lentes especiales el público se divertía viendo gente destripada y genitalia al por mayor.

Ocasionalmente se hicieron otras películas en ese formato en la década del 70, como Tiburón. 3D, en 1983. Y el gran momento de esa modalidad ha recobrado fuerza en este siglo con producciones millonarias en sus historias, tramas y efectos visuales que capturan la atención de niños y adultos en géneros que van del terror o el drama hasta la animación.

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