Caleidoscopio: El pacto de Hollywood con Hitler

octubre 17, 2016

Por: Redacción

Fernando Díaz Juárez.-

El nazismo ha sido un tema muy socorrido en el cine. No existe mayor fascinación del público que las historias que se refieren al periodo en el cual era el tópico mundial. Siempre hay un enfoque atractivo que llamará la atención para recordar esa etapa durante la cual Hitler y su pandilla clamaron por la posesión del mundo.

Los ejemplos de películas que se refieren a esto incluyen lo mismo comedias musicales como “Adiós Berlín” (Cabaret), o documentales como “El triunfo de la voluntad”, de la cineasta alemana Leni Riefenstahl.

Siempre hay algo más que puede decirse sobre el nazismo y eso es lo que promete el libro de un historiador norteamericano, Ben Urwand: “La colaboración: El pacto de Hollywood con Hitler”.

Se trata de una publicación que revela la postura de los magnates de la industria fílmica frente a la penetración implacable de los nazis, en la realización de su producto entre 1933 y 1940, cuando se tenía la sospecha de que el dictador alemán iba a lograr su propósito de dominio global.

El historiador no se detiene en señalar a los dueños de grandes productoras como Jack Warner de la Warner Bros., Carl Laemmle de la Universal Pictures o Louis B. Mayer de la Metro Goldwyn Mayer, como los promotores de esa cooperación con el gobierno alemán con tal de llevar la fiesta en paz con el dictador.

La industria cinematográfica de Hollywood tenía el poder de la explotación de sus películas, compartido con la industria del cine alemán. Se consideraba a Berlín como un centro operativo para buscar la mejor forma de explotar sus películas en las pantallas del mundo.

En ese momento las salas no eran de las dimensiones que ahora conocemos, sino verdaderos estadios, algunas con capacidad para diez mil espectadores, donde se veían las películas más populares.

El poder del cine se había establecido desde la década del veinte y las miles de salas en todo el mundo eran minas de oro para los productores, así Hollywood y Alemania habían encontrado las mejores fórmulas para promover la creatividad de sus cineastas y el alcance en grande de sus estrellas.

Rostros como los de Greta Garbo, Gloria Swanson o Douglas Fairbanks Jr., provocaban histeria e hipnotismo colectivo.

Entre las revelaciones que hace el historiador Ben Urwand destacan los gustos de Hitler por los ídolos fabricados por Hollywood, pues le fascinaban las películas de Stan Laurel y Oliver Hardy (El Gordo y El Flaco), e incluso odiaba las películas de Tarzán.

Antes ya se había descubierto que la película favorita de Hitler era “Blanca Nieves y los siete enanos”, que se exhibía en todos los idiomas alrededor del mundo.

En México conocemos la versión en español o en inglés, pero en Alemania se hizo el doblaje en el propio idioma, incluyendo las canciones, además de que se editó un disco con los temas que interpretaba la heroína de esta obra maestra de Walt Disney.

En esas mismas lides, muchos vivimos con la esperanza de que algún día, algún talentoso director mexicano, sensible y audaz, se atreva a llevar al cine la novela de Sergio Pitol “El desfile del amor”, en la que se habla de la presencia de los nazis en nuestro país.

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