Caleidoscopio: Brujería y demonios en un clásico silente del cine

abril 12, 2019

Escrito por: Fernando Díaz Juárez | @fercho_potter

Si hubiera que hacer un recuento de las películas silentes más importantes de todos los tiempos, sin duda Häxan: La brujería a través de los tiempos (1922), ocuparía un lugar privilegiado por tocar temas tabú para la época, y ser tal vez lo que expertos del celuloide han catalogado como uno de los primeros “documentales” en la historia fílmica.

La cinta, dirigida por Benjamin Christensen, estuvo inspirada en el descubrimiento de un antiguo libro sobre brujería y satanismo en una librería de Berlín.

Así, a través de siete relatos, el cineasta optó por realizar un tratado fílmico entre el documental y la ficción, tocando temas como la maldad, la superstición y la locura, desde la Edad Media hasta entrado el siglo XX.

Considerado el largometraje más caro del cine mudo nórdico, Häxan muestra las historias de varios personajes, teniendo a la brujería como eje central.

El filme inicia con una anciana acusada de haber matado, con supuestos poderes demoniacos, a un hombre humilde; luego muestra el caso de  una familia inocente víctima de la Santa Inquisición, incluido el interrogatorio de rigor y un vistazo por los instrumentos de tortura.

Producida para la Svenska Film, la cinta obtuvo escaso reconocimiento durante la época, ocasionando protestas del público y algunos grupos religiosos ante lo “morboso” y “perverso” de la temática.

Finalmente, tras ser condenada al ostracismo, fue rescatada en 1968 y se le incluyó un comentario del escritor estadounidense William Burroughs. También se presentó con un metraje reducido y una nueva banda sonora a ritmo de jazz, compuesta por Daniel Humair.

En ella actúan Astrid Holm (mujer del escribano), Maren Pedersen (María, una bruja), Wilhelmine Henriksen (Apelone), Kate Fabian (Doncella), Oscar Stribolt (fraile), Clara Pontoppidan (monja), Johs Andersen (Padre Henrik), Herr Westermann (Rasmus el verdugo), Astrid Holm (Anna), y el mismo Christensen (el Diablo), entre otros.

Cabe destacar que originalmente el realizador se formó como médico; posteriormente estudió actuación en la escuela del Teatro Real de Copenhague, hasta que a los 33 años comenzó a trabajar como intérprete en la naciente industria del cine danés.

Su primera película fue Det Hemmelighedsfulde (La liga extraordinaria), realizada en 1913, a la que siguió el melodrama social Haevnens Nat (1915).

Posteriormente emigró a Alemania, donde dirigió una sola película, y hasta aceptó una oferta para dirigir en Estados Unidos, teniendo a su cargo seis largometrajes, entre los cuales destaca Una noche en el infierno (1929), con el horror y la crueldad como temas principales.

De regreso a Dinamarca, en los albores del cine sonoro, Christensen abandonó la producción cinematográfica. Sus últimas cintas giraron en torno a temas como el aborto y los problemas de hijos con padres divorciados.

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