Butaca teatral: “La Colaboración” (La creatividad de Strauss y Zweig)

Alejandro Laborie Elías.-

La Colaboración” nos acerca al trabajo conjunto en el rubro operístico desarrollado por Richard Strauss y Stefan Zweig. El primero fue un gran director de orquesta; utilizó los efectos orquestales, logrando un realismo descriptivo insuperable (F. Cataño). Entre sus obras más destacadas están: “Salomé”, “Don Quijote”, “Sinfonía de los Alpes” y “La mujer silenciosa”, en torno a ésta última gira la trama que hoy nos convoca. El segundo es conocido por las magistrales biografía escritas en forma novelada, entre ellas las de María Antonieta y María Estuardo, además de la gran novela -una de mis favoritas- “Veinticuatro horas en la vida de una mujer”.

Ambos hicieron una mancuerna insuperable, uno como compositor, el otro como guionista. El destino los unió y los separó; uno alemán (ario) el otro austriaco (judío); uno vivía para la música, el otro idealista y pacifista; uno es “agraciado” por el nacismo (bajo amenaza en contra de su nuera quien era judía, por tanto sus nietos llevaban esa sangre); es nombrado presidente de la Cámara de Música del Reich, contra su voluntad acepta. Zweig es censurado, su libro “Momentos estelares de la humanidad” es mandado a la hoguera; finalmente junto con su pareja opta por el suicidio.

Mencioné que el destino los desunió. Hitler decreta, ninguna obra creada o en la que haya colaborado un judío podrá representarse en los teatros alemanes. Strauss se solidarizó con su amigo y guionista, a la postre pago las consecuencias. En concreto es la anécdota de “La Colaboración”, de Ronald Harwood. Si bien el tema central gira en torno a los dos creadores, en el fondo hay mucho del sufrimiento de los judíos provocado por los nazis, aquellos encarnados por Zweig. El texto inicia en forma “floja“, tarda en concretizarse el conflicto, de hecho el segundo acto es infinitamente superior al primero.

Sergio Vela es el responsable de la puesta en escena y la versión castellana. La verdad no recuerdo, por lo mismo no sé si haya ocurrido, ningún montaje teatral a su cargo, para mí su medio natural es el musical, por ello me sorprendió gratamente su propuesta. Dos horas y media se esfuman a pesar de lo pausado del desarrollo; ágil en el sentido de capturar la atención de la audiencia, aprovecha al máximo los toques de humor. Apoyado con el talento de Alejandro Luna, la escenografía y la iluminación son de gran exquisitez, sobrias y elegantes, realistas; lo mismo se puede decir del vestuario diseñado por Violeta Rojas. Curiosamente el director es músico, uno de los protagonistas gran director de orquesta y el compositor más importante de su época, sin embargo, no hay musicalización de por medio; hay un piano en el escenario, adquiere más un carácter simbólico que real.

Extraordinarias actuaciones, literalmente, de Juan Carlos Remolina (Strauss), Diego Jáuregui (Zweig) y Renata Ramos (Pauline Strauss), cada uno con sus características personales encarnan, se posesionan de los personajes, sufren con ellos. Juan Carlos y Diego ya no son novedad, montaje tras montaje no sorprenden, confirman ser de los mejores, insustituibles del quehacer teatral, fundamentales del elenco estable de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), productora del montaje. En un rol circunstancial Mariana Gaja y breves intervenciones de Andrés Weiss y Ricardo Lea, por cierto este último apartado del concepto general, sobreactuado y nada convincente.

La política pasa, el arte permanece“, expresa Zweig, ¿Será así siempre? Lo cierto, la CNT lo espera en su sede, Francisco Sosa 159, Barrio de Santa Catarina, Coyoacán (Ciudad de México), de jueves a sábado a las 19:00 y domingos a las 18:00 horas, hasta el 7 de agosto. La entrada es libre, cupo limitado, para reservaciones entrar a publicos.cnteatro@inba.gob.mx

Julio 2016

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