Arieles 2018: La fiesta del cine mexicano muy pesimista y politizada

junio 9, 2018

Por: Redacción

En un ambiente un tanto pesimista y ensombrecido ante los recientes sucesos sociales y políticos ocurridos en el país, incluyendo el secuestro y asesinato de tres estudiantes de cine, se llevó a cabo la entrega número 60 del Premio Ariel, teniendo como finalidad reconocer a lo mejor del cine mexicano, teniendo como escenario el Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México.

Por desgracia y debido a esta protesta colectiva, el que es considerado como el ‘máximo’ evento de la cinematografía nacional, se mostró un tanto desangelado además de que, de nueva cuenta, varios de sus asistentes no le dieron el valor que este evento representa, dándolo a notar primero en sus atuendos, acudiendo la mayoría de ellos vestidos más para los festejos propios de una boda que para un evento de rigurosa etiqueta como lo era el de esa noche, pareciendo no importarles que se trataba del evento máximo de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, y más aún que se llevaría a cabo en el máximo escenario teatral que tenemos en la capital: el Palacio de Bellas Artes.

Y en segundo lugar porque fue aprovechado en su mayoría como una tribuna de protesta, en la que todos tiraron a matar al Estado, cuando este aporta recursos económicos, a través de la Secretaría de Cultura, para la realización del evento.

La ceremonia abrió con el tema Volver a los 17, interpretado por Lila Downs y Jesse, para luego dar paso a un discurso por parte del primer actor Héctor Bonilla, quien se refirió al cine mexicano como un medio que ha evitado ser cómplice del silencio contra los problemas que desde siempre han aquejado al país, marcando con ello la línea que se seguiría el resto de la velada.

Los actores Mónica Huarte y Mauricio Isaac fueron los encargados de conducir la entrega, que este año estuvo mucho más politizada que en años anteriores, con discursos en torno a la violencia, la corrupción, las desapariciones forzadas y el crimen organizado, haciendo a un lado casi por completo el verdadero objetivo de esa reunión: celebrar en su máxima expresión al cine mexicano.

Entre estos llamados comenzaron a entregarse los primeros galardones, entre ellos en las categorías de Mejor coactuación femenina para Verónica Toussaint (Oso Polar) y Mejor coactuación masculina para Miguel Rodarte (Tiempo compartido).

El premio Ariel al Mejor cortometraje de ficción fue para Oasis (Alejandro Zuno) y el de Mejor cortometraje de animación fue para Cerulia (Sofía Carrillo), mientras que el de Mejor cortometraje documental fue entregado a los realizadores Diego Enrique Osorno y Alexandro Aldrete por el filme La muñeca tetona.

Al momento de su intervención Ernesto Contreras, actual presidente de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC), comenzó con un discurso en el que dio el pésame a los padres de los niños que hace nueve años murieron en el incendio de la Guardería ABC, en Hermosillo, ya que esa noche se conmemoraron nueve años de haber sucedido la desgracia.

El también cineasta, quien portó un atuendo muy desatinado para una ceremonia de gala en la que él era el anfitrión, exigió una revisión y la redimensión de la Ley Federal de Cinematografía; además de pedir medidas arancelarias y de protección para la exhibición del cine mexicano y por tanto, el derecho a que las películas nacionales sean vistas en las mejores condiciones.

Uno de los momentos más entrañable de la ceremonia, si no es que el único en relación al objetivo de la ceremonia, fue cuando la primera actriz Queta Lavat subió al escenario para recoger su Ariel de Oro por 73 años de trayectoria artística. Luego de aplausos y ovaciones, recordó de forma espontánea y con gran sentido del humor su debut en el cine mexicano a los 15 años de edad, en la cinta Las colegialas (1945).

Asimismo se dio el lujo de mencionar a los grandes directores y estrellas de la Época de Oro con las que tuvo el privilegio de actuar: desde Juan Bustillo Oro, EmilioEl IndioFernández y Roberto Gavaldón, hasta Pedro Armendáriz, María Félix, Pedro Infante, Jorge Negrete y Dolores del Río, entre otros.

No obstante, Queta Lavat estuvo a punto de cometer un grave error: colocar en el piso su Ariel de Oro para poder ver el discurso que tenía preparado, lo cual fue impedido de buen modo por el actor Jesús Ochoa quien le ayudó a sostenerlo. Desafortunadamente no ocurrió lo mismo con otra ganadora, que de forma irrespetuosa sí plantó el galardón en pleno piso del escenario para poder hablar y consultar su ‘acordeón’, que traía en su teléfono móvil.

Entre los momentos más tediosos de la noche destacó el protagonizado por el cinefotógrafo Toni Kuhn, quien también recibió el Ariel de Oro por trayectoria. Además de de darse el lujo de leer un discurso que parecía interminable, el realizador lució desaliñado, vistiendo un pantalón de mezclilla sucio y desgastado, lo cual fue una tremenda falta de respeto para el evento en el que, irónicamente, él era uno de los principales homenajeados de la noche.

¿La AMACC debería reservarse el derecho de admisión a quienes no cumplan con las reglas de etiqueta durante la ceremonia de los Premio Ariel, sean nominados o invitados? La respuesta es sí, pero dudamos que lo lleven a cabo para evitar señalamientos de censura y/o discriminación; pero hay que recordar que se trata de un evento de gran gala, cuyo festejado es el cine mexicano, vitoreado por pocos y maldecido por muchos.

Otros galardonados fueron  Eligio Meléndez en la categoría de Mejor actor (Sueño en otro idioma); y Karina Gidi a Mejor actriz (Los adioses); mientras que en el rubro de Mejor largometraje documental ganó La libertad del diablo (Everardo González); Amat Escalante se coronó como como Mejor director (La región salvaje) y la Mejor película fue Sueño en otro idioma, de Ernesto Contreras.

Sin duda, fue una ceremonia sin pies ni cabeza, que cada año se supera en mediocridad, demostrando con ello que pese a las buenas intenciones, más que una celebración al cine mexicano, resulta un encuentro anodino sin coordinación ni organización lejos, pero muy lejos, de estar a la altura de otras entregas de reconocimientos cinematográficos en el mundo como los premios Goya (España) o los César (Francia). Y ni qué decir de los Oscar, en los que también se han hecho actos de protesta, pero todos ellos con cierto recato y respeto a los presentes y a la audiencia que los sigue alrededor del mundo.

Por: Fernando Díaz Juárez y Fabián de la Cruz Polanco | @fercho_potter @fabiancpolanco

Fotografías: AMACC

Relacionados

ecofilm 2018

Festival Internacional de Cine para Niños