“Antígona”, una apuesta generacional contra el melodrama: David Gaitán

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Jaime Rosales Domínguez.-

Con su adaptación y puesta en escena “Antígona”, de Sófocles, David Gaitán apuesta por un pensamiento complejo, que en su dramaturgia consiste en colocar al espectador ante ideas contrapuestas, pero al mismo tiempo atendibles, como vía para generar un pensamiento nuevo.

Su quehacer teatral pretende de este modo apartarse de la realidad simplificada que conduce a entender el mundo mediante el atajo de las etiquetas y el melodrama que todo lo sintetiza en buenos y malos; héroes y villanos.

“Antígona” es una producción de la Dirección de Teatro de la UNAM dentro del ciclo “Los grandes personajes”, en cuyo marco la institución también montó “Medea” y “Hamlet”, lo que ha constituido un hito dentro del teatro mexicano de nuestros días.

La anécdota es conocida: “Creonte”, rey de Tebas, dispone que el cadáver de “Polinices” permanezca insepulto en castigo por haber combatido y muerto del lado de los enemigos de su propio país. Quien le dio muerte en esa guerra ha sido su hermano “Eteocles”. “Antígona”, hermana de ambos, cree su deber sepultar a “Polinices”, sin importar que ello signifique un desafío contra la orden del rey, quien por ello la condena a muerte.

En la adaptación de Gaitán se establece un debate público ‒impensable en la realidad política de nuestros días‒ entre el poder (el rey) y los partidarios de “Antígona”. En ese intercambio de razonamientos construidos sólo con verdades, pues está prohibido mentir, vemos a un “Creonte” (Adrián Ladrón) con argumentos bastante atendibles, lo que hace que su postura empatice en muchos pasajes con el público. Otras veces “Antígona” (Marianella Villa) es la que ofrece razones poderosas que desnudan el autoritarismo del rey.

Lo que queda expuesto en ese intercambio es precisamente la complejidad y tridimensionalidad de los fenómenos sociales. De todo esto hablamos con el joven autor de esta adaptación.

– ¿Por qué Antígona es uno de los grandes personajes del teatro universal?

Si pensamos que quizá Hamlet sea el epítome del personaje masculino, el equivalente en personaje femenino me parecería que es Antígona. No son los únicos grandes clásicos; podríamos hacer una lista de unos 30 quizá. Lo que hacía a Antígona un personaje obligado dentro del objetivo de Teatro UNAM al hacer este ciclo sobre ‘Los grandes personajes’, era la conversación que desde el original de Sófocles está presente: respecto del ejercicio de la ley frente a una acción que de entrada se rebela como mucho más necesaria que la ley misma”.

– Esta conversación de que hablas ¿se refiere a las posibilidades del ciudadano frente al poder y a las obligaciones de éste ante el ciudadano?

Sí. En el original toda la conversación está puesta a propósito de una discusión teológica sobre la disputa entre las leyes del hombre y las leyes de Dios. Lo que buscamos hacer en esta versión es desplazar el acento hacia una conversación sobre política, sobre cómo ejercer la justicia, y cómo tratar de reproducir la conversación que nosotros imaginamos que es la que se está teniendo en todas las reuniones, las fiestas, los encuentros, los procesos creativos, por lo menos en nuestra generación, aunque esto no es privativo de una generación sino consecuencia de un estado de desastre político y de estado de derecho como en el que está México ahorita”.

– Has dicho que buscabas apartarte del melodrama en el que los mexicanos solemos incurrir. Y ciertamente durante la obra, el Poder (el rey) aporta argumentos muy convincentes en favor de su postura; en algunos pasajes Antígona gana el debate y en otros los pierde. ¿Esta idea de que la razón puede estar en ambas partes a la vez no nos conduce a un peligroso relativismo en el que nada es bueno ni malo?

Yo espero que así sea. Me parece que el peligro que buscamos señalar desde la primera escena de la obra, es que esa educación o cromosoma melodramático que tenemos los mexicanos y que disfrutamos tanto ‒aunque dicho sea de paso hay muy buenos ejemplos de excelente melodrama‒ pero me parece que lo peligroso es que en una situación de emergencia política como la que vivimos actualmente, la tendencia sea a melodramatizar la realidad.

Con la obra buscamos combatir esa tendencia a simplificar todo a buenos contra malos, a víctimas contra opresores. Creo que es muy peligroso porque es de un simplismo que en un parpadeo etiqueta de manera fría e injusta a cualquiera”.

Antigona 2

– Pero ¿cuál es el peligro social que esto entraña?

Uno pierde perspectiva y frente a la invitación a actuar socialmente no tenemos las herramientas para establecer un razonamiento complejo con respecto al fenómeno contra el que vamos a protestar, criticar, actuar o a dirigir nuestra ira. Siento que el modo en que se comunica la información, el vértigo de las redes sociales, el bombardeo de noticias es tanto y en tan poco tiempo que obliga al ciudadano común, nos obliga a todos a hacer un esfuerzo por acomodar la realidad en el lugar donde mejor la podamos colocar y rápido porque viene más información.

Esta necesidad de ordenar la realidad nos lleva, casi de manera ineludible a dramatizarla y por definición la realidad no es melodramática, es compleja. Lo que buscamos con este montaje es que al poner a un rey ‘Creonte’ lleno de argumentos y al cuestionar las acciones de Antígona, lo que buscamos es obligar al espectador a que por lo menos se relacione de manera complicada con lo que se está planteando en la obra, y que ésta no sea una reivindicación de lo que todos ya creemos, eso me parecería un acercamiento banal a un problema.

Partimos de la base de que todos ‒me refiero al elenco y a la gente que viene a ver una obra a la UNAM‒ más o menos tenemos un universo compartido de posiciones políticas. Entonces dado eso ¿cómo problematizamos esa postura? Porque si no, sería un ejercicio de autovalidación en el teatro que me parecería muy árido y una oportunidad desperdiciada frente a la posibilidad de hacer una obra”.

– ¿Cómo se relaciona todo esto con el discurso escenográfico, esta desnudez total del escenario?

Cualquier obra de teatro traza inevitablemente un puente entre ficción y realidad y el modo en que se comunican. Aquí estamos haciendo un ejercicio de ficción con la esperanza de incidir en el pensamiento del espectador y su relación con la realidad. Con ese espíritu decidimos que el espacio estuviera exhibido y que el espectador pudiera ver las entrañas de la maquinaria teatral del mismo modo en que la obra pretende exhibir las entrañas del pensamiento político, la intimidad de quien gobierna, una conversación que generalmente es privada y que en la obra se hace abierta y pública.

Me interesaba además que en el montaje se hiciera muy evidente que su contenido representara lo que piensa nuestra generación con respecto a un momento de la historia del país. Quería que fuera una obra muy generacional, de ahí el interés de que en los parlamentos de ‘Creonte’ él argumentara mucho en favor de las nuevas ideas, cosa que es de lo que más conflicto le genera al público y es parte del objetivo: el hecho de que alguien evidentemente autoritario argumente en favor de la vanguardia y de las nuevas ideas. A veces pareciera que esos dos términos no pueden convivir y en la obra lo hacemos y para lograrlo era muy importante que viéramos a un ‘Creonte’ joven, y que fuera lógico que él planteara una nueva forma de ejercer la justicia”.

– Ya en la recta final de esta segunda temporada en la UNAM (concluye el 19 de junio) ¿cómo valoras el resultado de tu planteamiento en la experiencia teatral del público con la obra?

Muy satisfactoria para nosotros, aunque la satisfacción no radica en que el espectador se vaya necesariamente feliz del teatro, o acordando que fue un grato entretenimiento, sino en que el espectador no esté seguro de si está de acuerdo con lo que se planteó en términos ideológicos en la obra, porque planteamos a un ‘Creonte’ que claramente empatiza mediante una serie de estrategias teatrales con el espectador, pero al mismo tiempo eso se confronta con lo que está haciendo, y una ‘Antígona’ que es profundamente cuestionada, pero que al mismo tiempo uno empatiza con su ideología.

Entonces ha sido satisfactorio en tanto que buena parte de los espectadores que vienen, y a juzgar por lo que nos comentan y leemos, se va discutiendo con sus acompañantes, se van con muchas más preguntas que respuestas y eso nos satisface como logro. Todo mundo ha acordado que Antígona plantea una conversación tristemente vigente”.

Antigona 3

– ¿Qué tipo de experiencia frente al hecho teatral pretendes generar en los espectadores? ¿Buscas premeditadamente romper cánones, formatos, experimentar con nuevas propuestas escénicas? ¿Eres una especie de enfant terrible de tu generación?

No sé, me cuesta mucho trabajo responder esa pregunta. Siento que es la crítica y que son los otros los que ponen a uno donde se decida que lo van a poner. En el camino me han dicho desde esto de ser un enfant terrible hasta ser un hijo de los procesos más conservadores, en el inter uno va rebotando hacia donde mande el último montaje.

Ahora, pensando en qué creo que debe sentir un espectador, creo que tiene derecho a ser testigo de todas las experiencias que desee. Lo que a mí de manera personal me gusta plantear con mis obras son eventos escénicos que orillen al espectador a generar pensamientos nuevos y las estrategias para lograrlo son varias, pero una que a mí me gusta mucho es tratar de colocar en la cabeza del público una serie de ideas que en la realidad habitualmente no imagina de manera simultánea.

En el teatro obligamos al espectador a ser testigo de lo que uno decide; una vez en la sala su percepción está sometida a nuestro diseño. Ese diseño permite que uno ponga los estímulos que uno decida y siento que si uno coloca estímulos que habitualmente no están juntos en el cerebro del espectador, eso obligará a un nuevo pensamiento, y me parece que eso es profundamente valioso y me atrevería a plantearlo como uno de mis objetivos en el arte”.

– Recientemente un grupo de instituciones teatrales públicas y privadas presentó la iniciativa #YoVoyAlTeatro, con la que se pretende incentivar la asistencia del público a los espectáculos escénicos. ¿Qué te parece la idea?

Creo que esos esfuerzos son fundamentales. En México somos muchísimos millones de personas y eso a veces genera el falso espejismo de que hay muchos espectadores de teatro, pero el porcentaje de gente que no ha visto teatro nunca en su vida en el país es alarmante, y es lógico también: hay muchísimas cosas más importantes que el teatro, sin embargo, el teatro puede ser la llave para una gran cantidad de puertas a las que difícilmente la realidad permite acceder.

Entonces todo esfuerzo que pretenda acercar al público al teatro, facilitarle ese puente y poder bajar los precios, ofrecer promociones, y acercarlo con quien hace el teatro, hay que respaldarlo y apoyarlo porque es de una nobleza inexplicable, pues hay muy poca gente en el mundo a la que le importe que las salas de teatro estén llenas, y sobre todo las de un teatro que no persigue el capital como objetivo primario”.

Sólo así, sin la obligación de que algo reditúe económicamente, se puede intentar hacer cosas arriesgadas sobre el escenario. Porque si uno está con la persecución de que tienes que vender y llenar y eso tiene que generar dinero sí o sí, pues eso te obliga a tratar de reducir riesgos en tu puesta en escena y eso hace que el pensamiento del espectador se mueva muy poco porque lo único que estamos haciendo es reivindicar lo que ya sabe”.

Fotografías: Andrea López

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