A 55 años de su muerte: Marilyn Monroe, la rubia debilidad del cine

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Marilyn Monroe, la ‘rubia debilidad’ de belleza arrasadora, permanece viva a 55 años de su fallecimiento, a través del cine, el diseño, el arte y fundamentalmente, en el imaginario popular, como ícono sexual del siglo XX.

El 5 de agosto de 1962, cuando fue hallada sin vida en su casa de Los Ángeles, nació un mito. Si Norma Jeane Mortenson (tal su verdadero nombre) hubiese podido apreciar lo que su partida generó, tal vez hubiera disipado sus serios problemas de autoestima, que fueron la fuente de todos sus males. Además, si como muchas versiones indican, no se trató de un suicidio, quienes tuvieron la intención de guardar ciertos secretos, incluso algunos de Estado, no hicieron otra cosa que gritarlos a voces: la sospecha de homicidio, que inició como una versión fantástica y se fue fortaleciendo a través de los años con nuevos datos, hizo que la frágil figura de Marilyn se ganara el amor y la admiración hasta de aquellos que se le habían resistido, si es que existía alguno.

Tal vez la historia hubiese sido otra si todavía estuviese con vida: tendría 91 años y la imagen de su belleza insolente e intacta se hubiese desvanecido. Para una estrella eso sería tal vez peor que la muerte, aunque podría pensarse que no para la atormentada joven de California, quien antes que admirada quería ser amada. Algo que buscó desesperadamente y en vano en todas sus relaciones sentimentales.

Su horizonte era el amor definitivo y, al parecer, creía haberlo hallado cuando se enamoró del entonces presidente de Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy. Un romance que era un secreto a voces, del mismo modo que lo son las sospechosas causas de la muerte de Marilyn.

Había nacido el 1 de junio de 1926 en Los Ángeles. Su madre, Gladys Baker, una mujer que sufría trastornos mentales y terminó hospitalizada en una clínica psiquiátrica, no le hizo pasar una buena infancia. No solo nunca le dijo la identidad de su padre sino que la dejó librada a la tutela de un orfanato y de distintas familias. U en uno de esos hogares sufrió abuso sexual cuando tenía apenas ocho años. Nada hacía pensar que se convertiría en una estrella de cine.

En 1946, tras haber trabajado en una planta de construcción de aviones, un fotógrafo de modas la descubrió. Al poco tiempo, le sugirieron que cambiara su cabello castaño por el rubio platino que la hizo famosa y más tarde, con las propuestas de Hollywood, Norma Jean devino en Marilyn Monroe. Entre 1947 y 1962 rodó treinta películas -incluida la inconclusa Something’gotta give, donde ya se notaba su decadencia física- y se consagró como comediante: lo demuestran las inolvidables Los caballeros las prefieren rubias y Cómo casarse con un millonario, ambas en 1953, por cuyo desempeño ganó el Globo de Oro a la Mejor actriz en 1954.

Pese al éxito profesional, logrado en tiempo récord, Marilyn no era feliz. Acaba de fracasar su matrimonio con el jugador de béisbol Joe DiMaggio -era su segundo intento, el primero había sido con un mecánico de aviones, James Dougherty– y comenzaba a cansarse no solo de su imagen de ‘sex-symbol’ sino del acoso permanente por parte de los directivos de los grandes estudios.

Intentó disipar su complejo de inferioridad intelectual tomando clases de teatro en el Actors Studio de Nueva York con Lee Strasberg, quien fue una figura paterna para la actriz y le propuso protagonizar obras como Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams, y Anna Christie, de Eugene O’Neil.

A pesar de su buen desempeño, estas participaciones fueron objeto de burla por parte de Hollywood que insistía en difundir su imagen de símbolo sexual sin cerebro.

En 1956, su matrimonio con el prestigioso dramaturgo Arthur Miller parecía traerle un poco de alivio: fue una unión más que sorprendente ya que el escritor, que pertenecía a la élite intelectual de izquierda estadounidense contraía enlace con una mujer, supuestamente superficial y frívola. Los agoreros no se equivocaron: Marilyn fue solo un trofeo para Miller y fue rechazada en los círculos intelectuales, por lo que el vínculo se marchitó muy pronto.

Mientras tanto, se sucedían los rodajes turbulentos -la actriz siempre llegaba tarde y había que repetir las tomas muchas veces- y las depresiones, a lo que se sumaba el consumo de alcohol y barbitúricos.

Con todo, la filmación de Una Eva y dos Adanes (1959), junto a Tony Curtis y Jack Lemmon, fue un éxito rotundo que le valió a Marilyn otro Globo de Oro a la Mejor actriz en 1960.

Los últimos meses de la vida de la actriz fueron vertiginosos y tienen muchas zonas oscuras, como su romance con Kennedy y más tarde con el hermano de éste, el senador Robert, quien estuvo en la casa de Marilyn el día de su muerte y con quien tuvo una terrible discusión, según revelaron más tarde testigos.

“¡Me usaron!”; “¡Me siento un pedazo de carne!”, le había confesado Marilyn a una amiga sobre el trato de los hermanos Kennedy. Hasta llegó a amenazar con revelar secretos de ambos.

Pocos días más tarde, el 5 de agosto de 1962, a las tres de la madrugada, Eunice Murray, ama de llaves de Marilyn, la encontró muerta en su cama, en una postura extraña, con el teléfono aferrado en una de sus manos y las luces encendidas.

Había un frasco vacío de Nembutal -barbitúrico que solía consumir-, sobre la mesa de noche, lo cual hacía pensar que se había suicidado.

El sargento de policía Jack Clemons, dijo años más tarde: “Según todos los indicios, sospeché que se trataba de un asesinato“. Sin embargo, permanece el halo de misterio.

Tenía 36 años pero según los empleados de la casa mortuoria que preparó el cuerpo “parecía más envejecida“. Eso no cuenta para los admiradores de la rubia: será por siempre la sexy Marilyn. Fuente: ANSA

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